“Vueling World III” o cómo convertir un vuelo de 45 minutos en un trayecto de más de 30 horas

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Vueling airlines

Todo empezó con un retraso de 20 minutos en un vuelo que salía a las 13 de la tarde de Menorca destino Barcelona un 28 de julio de 2018, un trayecto de cuarenta y cinco minutos que multiplicó su duración un 4.130%. Sin motivo aparente, sin excusas. Sin razón.

Parecía una simple demora, pero estando Vueling de por medio y su famosa política de puntualidad (que, dato real, acaba de batir récords históricos -en negativo, obviamente-), muchos intuían ya lo peor cuando desde la Oficina de Información empezaban a comunicar que no sabían muy bien donde estaban los aviones en sí, ni cuanto se tardaría en embarcar. Salir de la isla se convertía entonces en algo parecido a ganar el Euromillón pero con muchas menos posibilidades de éxito.

Finamente, vuelo cancelado. Pero sin demasiados problemas, los pasajeros son recolocados en vuelos posteriores que salen entre las 18.45 y las 22.00 horas. Por desgracia, la historia no acaba ahí. Otro pequeño retraso surge en el vuelo de las 18.45. Y en todos los posteriores. Al llegar la hora, nada pasa. No había aviones ni explicaciones.

Los status de vuelos en Internet mostraban desde un principio retrasos con horarios cercanos a la media noche, haciendo presagiar, pese a los desmentidos desde el aeropuerto, lo peor. “No os fieis de esas páginas, os mienten”, decían desde el mostrador de información del aeropuerto pese a que esos pronósticos parecían ser más fieles a la realidad que sus propias proyecciones. “Vosotros también“, espetaba la gente cada vez más fatigada por la demora y la falta de información. Siete horas más tarde, seguían sin ningún tipo de noticia o expectativa al respecto y con la hora de embarque retrasándose treinta minutos cada treinta minutos en un muy frustrante bucle interestelar que parecía no tener fin.

Horas después, muchos pasajeros asumían ya abiertamente (con 3 aviones desaparecidos, no pintaba nada bien) que no podrían salir de la isla ese día. Sin embargo, la desinformación seguía siendo total y absoluta. “Vueling no nos coge el teléfono y no tenemos ninguna información”. Esa era la consigna oficial que repitieron desde información, como si la cosa no fuera con ellos, durante más de 12 horas mientras repartían conservadoramente tickets de 6 EUR para comidas y cenas en un aeropuerto centro comercial en el que la media de coste de un bocadillo es de 7 EUR. El capitalismo era eso.

Una familia entiende que, obviamente, perderá su vuelo a San Francisco del día siguiente. No parecen ser ricos ni tener muchas vacaciones. Gran putada, sin matices. Lo encajan con una deportividad pasmosa. Una mujer con su hijo de 9 meses se pasea muy alterada al no entender el idioma ni todo lo que estaba pasando. Acababa llorando, de impotencia, cuando le respondían “There’s no plane yet” a la pregunta “Is my plane coming?” 12 horas después de su supuesta hora de salida.

Una mujer, su madre y sus dos niños pequeños llevan desde las 11 de la mañana en el aeropuerto. A las 23 horas seguían, desesperadas, sin saber dónde estaba su vuelo ni si volarían. “¿Podrían asignarnos un hotel para pasar la noche?”, reclamaban entonces. “Sí, tiene derecho pero no hay alojamiento, todos los hoteles están llenos. No podemos asignarle ningún hotel”. Se hizo el silencio. La mujer entiende que no va a volar ese día y que no tendría ni siquiera alojamiento para pasar la noche.

Los pasajeros se coordinan para enseñar al mostrador de Información hoteles disponibles de Booking.com, para contrarrestar con hechos las obvias fakes news que comunicaban desde allí. “Esta es la consigna oficial que tenemos”. ¿Y Vueling? “Vueling sigue sin cogernos el teléfono. Vueling sigue sin informarnos“. Nadie sabe nada.

A ratos, las escenas parecían más propias de una cámara oculta. Gente se quedaba esperando el fin de la broma, que aparecieran gritándoles que eran maravillosos, pero lo cierto es que no pasó.

Y a todo esto ni siquiera tenían donde pasar la noche después de todo. Además, según instrucciones directas del mostrador de información, los pasajeros, pese a llevar más de 10 horas en el mostrador no podían salir para compartir ese tiempo con sus familiares en el mismo aeropuerto pero fuera de la zona de embarque. “Afuera no hay información y en el caso de que se reactive el vuelo –aunque no sabían dónde estaba ninguno de los tres aviones, dato clave-, lo perderían bajo su responsabilidad”. Bemoles. Como los indicadores del aeropuerto no funcionaban correctamente (el antes mencionado bucle-Interestelar-de-30-minutos) y constantemente señalaban la falsa opertura del embarque, no existía información fiable más allá de estar alrededor de la puerta todo el tempo. “¿Entonces tengo que estar aquí sin poder estar con mi familia que está aquí fuera pese a esta situación?”. “Sí”. “¿No es un poco surrealista?”. “Sí”, contestaban algunos empleados, visiblemente desbordados por la situación en la que Vueling les había metido.

No obstante, cabe destacar que pese a la situación, las horas de espera y saber que a su regreso a la ciudad condal, la mayoría tendrían que enfrentarse a otra complicación adicional por la huelga de taxis, la gran parte de los afectados mantenía la calma, el buen rollo y el respeto. Vimos a personas ofrecer su casa a desconocidos para pasar la noche a pocos minutos de haberles conocido. Aunque suena indudablemente a tópico y lugar común, alucinamos con la actitud afable de la mayoría de involucrados. A veces, no se entiende el Parlamento.

Vueling, sin embargo, sigue en blanco. La gente sigue esperando, atónita, una explicación. Asiste impasible a la perdida de sus vacaciones, de su dinero y sobre todo, de su tiempo, sin entender nada. Todo el mundo se pregunta por qué, porque nadie entiende nada del por qué de todo este lío, esta falta de diligencia. Y especialmente, de por qué se mantiene, indefinidamente, en el tiempo.

Lo sabremos en la película.

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