CRÍTICA | “All My Demons Greeting Me As A Friend” | AURORA, la extraña y genuina niña del pop nórdico

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Ya solo con el título (“All My Demons Greeting Me As A Friend”) y su portada se puede intuir que, tras la inocente y angelical apariencia de AURORA, se esconde un particular y complejo mundo interior. NME, The Independent, The Guardian e incluso Katy Perry se han hecho eco de ella en los últimos meses, y su álbum se ha convertido en uno de los trabajos más aclamados del año. Y es que, a sus 19 años, esta joven y aniñada noruega sorprende por las sobrecogedoras melodías y evocadoras letras de sus canciones, en su mayoría profundamente melancólicas (“Runaway”), y tan solo en alguna rara ocasión más optimistas (“Warrior”).

A pesar de las múltiples comparaciones que ha recibido (“Conqueror” tiene algo de la primera Florence Welch, “Murder Song (5, 4, 3, 2, 1)” puede recordar a Björk, y en general el disco es un poco Lykke Li), lo cierto es que AURORA tiene un estilo completamente identificable que ella misma describe como dark folk-pop. Esa oscuridad se percibe en cortes como la invernal “Running With The Wolves” que aborda temas que se van repitiendo a lo largo del álbum como el deseo de escapar (“Runaway”), la infancia (“Through The Eyes Of A Child”) o la naturaleza (“Black Water Lilies”). De hecho, todo el disco está plagado de metáforas y referencias a los paisajes nórdicos.

De las doce canciones que forman el disco (diecisiete en su versión Deluxe), lo más pop que encontraremos será “Winter Bird” (que podría haber sido interpretada por Halsey o Lana Del Rey mismo), “Lucky” y sobre todo “I Went Too Far”, con sus sintetizadores y cuerdas tan The XX. Por lo demás, son pocas las ocasiones en las que se sale de la línea de baladas a piano, casi nanas, incluso con coros eclesiásticos (“Home”) y arreglos de arpa (“Wisdom Cries”) que podrían sonar en la entrada al cielo junto a temas de Enya. Ese es el mayor inconveniente, que si no estas en el mood adecuado, puede resultar difícil conectar y puede llegar a aburrir, especialmente en la segunda parte, a pesar de contener piezas tan bonitas como la versión de “Half The World Away” de Oasis.

Pero no se puede decir que este sea un disco repetitivo -cada canción tiene su identidad- y a pesar de todos los parecidos que se le puedan sacar, la personalidad que desborda su autora es obvia. Con su música, sus letras, su frágil pero rotunda y valiente voz, una muy cuidada producción que le otorga a cada tema la fuerza o la sutileza necesaria según convenga, y su mística imagen y mágica aura (sic), AURORA consigue trasladarnos a ese particular mundo del que hablábamos al principio. Un mundo con sus “demonios” (la desesperanza, la miseria, las guerras, la pérdida de la inocencia) del que la cantante se hace amiga e intenta extraer toda su belleza. Porque como dice ella misma, “it’s important to be sad sometimes, but not all the time”. Y aún con su melancolía y su angustia, “All My Demons Greeting Me As A Friend” es ante todo un álbum de una belleza incuestionable.

cropped-untitled-5.jpgNOTA: 7.8 / 10

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