“Sully”, la muerte del héroe o cómo aunque lo hagas todo bien siempre habrá quien te cuestione

social-facebook

Sully

No es fácil hacer una película sobre algo que “casi pasa“. Estamos acostumbrados a superproducciones grandilocuentes que relatan los episodios más épicos, dramáticos e importantes de nuestra historia. Ávidos de Titanic, no hay sitio en las salas para el Costa Concordia.

Sully, por el contrario, cuenta una historia pequeña, uno de esos milagros cotidianos de esos que tanto gustan a los estadounidenses con el añadido de que, en este caso, se cuestionan unos tiempos en el que el típico papel de “héroe” intachable e incorruptible ha muerto.

El film cuenta la historia real del piloto Sullenberger, que alcanzó la fama en 2009 cuando, al poco de despegar, su avión se averió y logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo. Todos sobrevivieron gracias a las maniobras del aviador, que consideró que no había tiempo material por el fallo de los motores, para regresar al aeropuerto de La Guardia. Tras la hazaña, el protagonista se convierte en un héroe mundial al que no se tarda en poner en cuestión.

¿Hizo bien? ¿Qué escondía? ¿Puso en riesgo en realidad la vida de todas esas personas? A diferencia de antaño, Sully muestra un mundo en el que todo es cuestionado inevitablemente y en el que las figuras incontestables han muerto. El Cid Campeador no habría sobrevivido a Twitter.  Independientemente de su hacer,  nadie se libra de  ya de que se le ponga en cuestión, tanto con verdades como con notorias mentiras (y después de las elecciones americanas, nos vamos a molestarnos en poner ejemplos de ello), y de una ración de haters y de mala leche que ya consideramos como inevitable gracias a la era Internet y redes sociales.

No es casualidad, por tanto, que sea la tecnología la que intenta evidenciar que la decisión del piloto no fue la correcta y que, la sombra de la sospecha recaiga sobre el “héroe”. Y sea el “factor humano”, lo que le da la vuelta al caso.

Llama la atención, de nuevo, el posicionamiento de un Clint Eastwood del que acabaremos creyendo, no dirije sus películas. Si después de ver sus obras siempre te apetecería tomar una cerveza con él, leer cualquier entrevista o comentario suyo, te las quita de inmediato. El facha hollyodiense por excelencia y uno de los más férreos defensores del desastre de proporciones universsales que es Donald Trump (eso lo dice todo), parece desarollar una doble personalidad constante: la suya y la de su filmografía. Sully, una obra que bien podía calificarse como orientada a la pussy generation, hace  hincapié en valores antagónicos de los que su director defiende en la vida real, sumándose a Grand Torino (inmigracion) y Million Dolar Baby (atención spoiler: eutanasia) como grandes muestras de esta inquietante personalidad múltiple cinematográfica.

Tom Hanks, protagoniza, con solvencia  y sin sorpresas, la  enésima ocasión en la que da vida a una persona en circunstancias adversas.

Sully, en conclusión, no es más que una fábula sobre la “justicia” inspirada en la realidad de unos tiempos de desorientación global absoluta, en el que los referentes, las leyendas y los héroes han muerto inexorablemente para no volver. Un mometo en el que todo el mundo es malo o tiene algo que esconder y es digno del juicio sumarísimo de las redes, con razón o sin razón. Y en esta ocasión, en el reino de los tuertos, los ciegos son los reyes. 8

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s