Iván Ferreiro volvió al ruedo, revivió sus fantasmas y se enfrentó a Tupolev en el primer concierto de su gira “Casa”

Captura.PNG

Ivan Ferreiro, BARTS

Lo primero que queda claro en esta etapa es que a Iván Ferreiro le han roto el corazón. Como es bien sabido, de las rupturas sentimentales suelen nacer los mejores discos, y este caso no ha sido una excepción. Casa, aunque lleva sólo dos semanas en el mercado, tiene potencial de sobra para convertirse en uno de los mejores discos de su carrera en solitario. Y pese a lo que pudiera parecer, no ha querido hacer un disco triste para regodearse en su miseria existencial, sino todo lo contrario. Estamos ante un álbum cuyo espíritu busca reivindicar las cosas buenas de la vida ante la adversidad (Todas esas cosas buenas no es casualidad, es una declaración de intenciones), un contexto que se encuentra implícito en todos los rincones del álbum.

Ayer, Ferreiro, volvía de nuevo a los escenarios con la primera parada de su  gira de presentación, que recayó en Barcelona y que fue protagonizada, de nuevo y desde el 91, por sus incansables Manual para los fieles.

Como viene siendo habitual, sonaron la mayor parte de temas de su último trabajo. El concierto comenzó con la compleja Dioses de la distorsión, incluyendo sus brillantes e hipnóticos “La luz de la mañana tardaba 8 minutos en llegar” y sus ecos de la brillante epopeya interestelar de Nolan. Casa, ahora vivo aquí, el epicentro moral del disco, fue la siguiente en llegar. “Estaban todos los que importan” sirve de nexo temático a la reivindicación existencial que supone la enumeración de desastres y motivaciones vitales que es la anteriormente mencionada Todas esas cosas buenas, otra de las mas destacadas supervivientes del set list.

Resultado de imagen de ivan ferreiro

Chihiro & Ferreiro

Entre otras, el gallego también desgranó Río Alquitrán, la muy Julio Iglesias Farsante (no pun intended) o el preciosista, melancólico y adictivo single de presentación, El Pensamiento Circular. No obstante, el efecto sorpresa del adelanto fue nulo para nosotros. Bajo otro nombre (No muchas ni tampoco pocas), ya fue incluida por la redacción entre las mejores canciones del año pasado (tras una presentación junto a Zahara en la que ya vimos el potencial de la mismay en la que confirmamos que la versión del disco debería haber sido conjunta también-).

La protagonista de su nuevo proyecto es, sin embargo, otra de las canciones que sonaron anoche. Es el caso de la militarista Tupolev, la gran obra maestra del disco. Inspirada en La Caza del Octubre Rojo, Ferreiro se deja llevar aquí y le explotan toda la mala hostia y el odio que se genera en algunas fases de la etapa que condensa en Casa. En Tupolev, dando vida al capitán de un submarino soviético en plena guerra fría, habla de venganza, de alguien muy malo y egoísta, y va modificando el narrador hasta acacabar confundiendo la realidad y la ficción. “En el corazón de Tupolev sólo hay sitio para Tupolev“. Amén.

Tupolev – Ivan Ferreiro

El protagonismo de los nuevos temas dejó menos espacio del habitual para sus (grandes) éxitos, algunos de los cuales se echaron de menos. Pero con 150 minutos de concierto no había espacio para mucho más. Así, sonaron algunas hits de Los Piratas (ese clásico tardío que es Años 80 o la épica Promesas que no valen nada), repaso de sus trabajos más recientes (Pájaro azul, El bosón de Higgs, El Dormilón o el chute de energía de Como conocía a vuestra madre), repaso a joyas varias (Santadrenalina o NYC) e incluso alguna versión (“Resurrección“, de El último de la fila).

Por supuesto, también hubo rincón para recuperar los temas bigger-than-life de sus primeros pasos en solitario: Días Azules, del que extrajo Extrema Pobreza y sobre todo, de Canciones para el tiempo en la distancia, del que recuperó las obras maestras incontestables que son Espectáculo, El Viaje de Chihiro, SPNB o Turnedo.

Con tal discografía, era complicado que una noche no salga bien. Pero Iván Ferreiro colmó las expectativas y conquistó a propios y extraños (una vez más) en su nueva etapa. Melancólica y vulnerable, pero repleta de ganas de pasarlo bien, disfrutar de las pequeñas  -y grandes- cosas buenas de la vida y encontrar su (nuevo) hogar. Una mudanza de esas que duelen pero acaban bien. Eso es Casa y así fue la noche de ayer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s