Crónica de “Operación Triunfo, el reencuentro” | Análisis del porno nostálgico que retrotrajo España al 2001

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Operación Triunfo, el regreso

M.S. En una sociedad “BlackMirror“-izada en la que de cualquier momento produce en Twitter miles de comentarios, chascarrillos, chistes, memes, gifs, y está ya todo inventado y dicho y cualquier cosa que digas parecería un plagio, lo mejor en éste caso es hablar desde el corazón y las entrañas, desde una perspectiva subjetiva y personal, de lo que todos los redactores de NETP en pleno vivimos aquella noche mágica en el Palau Sant Jordi dónde retrocedimos 15 años (por suerte, solo mentalmente, los kilos de más de algunos no volvieron) y nos reencontramos con nuestros Yos más jóvenes, llenos de esperanza, inocencia, faltos de desengaños y experiencias vitales. Es como si hubiésemos viajado en el tiempo, 15 años atrás, solo para entregarle un mensaje muy importante a nuestro Yo del pasado: “compra una entrada para el concierto de OT dentro de 15 años, no te arrepentirás“.

El público asistente parecían figurantes contratados para que parezca que estamos en el 2002, un episodio especial de “Cuéntame” en el que Herminia opina de Manu Tenorio que es muy guapo, con atrezzo anacrónico incluido, como pósters de Bisbal de la “Superpop” cuándo parecía el hijo bastardo de Shirley Temple o de Fórmula Abierta, pancartas de Clubs de Fans que creíamos ya extintos, como los de Gisela o Chenoa (que protagonizaron una maravillosa pelea a las afueras del estadio porque unas se querían colar como viejas en la cola del Día%) y gente que coreaba temas como “Corazón Espinado”, “Lady Marmalade” o “Vivo por Ella” como si fueran canciones de máxima actualidad musical. Pero quizás fuese la primera y única vez en la que todos los asistentes se sabían al dedillo las letras de todas y cada una de las canciones que sonaron, incluyendo las totalmente descatalogadas “Ven a Funky Street” o “Ellas”, de las que pensábamos que solo existían en nuestras mentes. Algo inaudito en un concierto en el que mucha gente asiste sabiéndose únicamente el single que más ha pegado del artista de turno. Recordemos que en el concierto de Beyoncé nadie se sabía la mitad de las canciones que presentó y ni siquiera cantó “Single Ladies”, que era la que al menos todo el mundo se sabía. Y eso es porque el 100% de los asistentes que pagaron su entrada eran verdaderos fans de la primera edición de “Operación Triunfo”, de los que guardan en las estanterías de sus casas el disco de “OT Canta Disney” y opinan que “Vivimos La Selección” es mejor canción de un Mundial de Fútbol que “Waka Waka”. 17000 personas que llenaron el Palau Sant Jordi libres de prejuicios, sin cataduras morales, sin vergüenza (cómo absteniéndose) y, sobre todo, preparados para degustar casi 3 horas de una de las cosas que más placer pueden dar en esta vida a parte del chocolate y sacarse los calcetines antes de irte a dormir:

EL PORNO NOSTÁLGICO.

Un nuevo género del entretenimiento que “OT: El Reencuentro” ha sabido explotar como nadie hasta el momento (con 3 documentales, un seguimiento brutal en Twitter y un concierto retransmitido en directo por TV — solo ha faltado que hubiesen re-estrenado “OT: La Película” en el cine Phenomena).

Todos hemos vivido intensamente algo: un programa de TV, una película que nos cambió la vida, un cantante, una prenda de vestir, un libro, un juguete, tu primer crush, un lugar…. revivir ese momento tan feliz de tu vida, años después, cuando ya has madurado lo suficiente como para distinguir la basura de lo demás y poder formar una opinión analítica y descorazonada de todo, y cuando ya estás podrido por dentro y nunca más volverás a ser un niño, tener la oportunidad de poder volver a vivir ése algo que te marcó la vida es una explosión de serotonina, endorfina y dopamina en tu alma.

Y en éste caso: que los 16 concursantes se reunieran para volver a cantar las mismas canciones que hace 15 años, en el mismo cutre escenario, con las mismas cutres condiciones de sonido, vestuario y coreografía que todos conocimos en su momento, es un tipo de porno que no te puede ofrecer Internet.

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Lady Mermelade

Los redactores de NETP, que ahora tenemos un gusto más elevado (ejem, si podemos catalogar “Joanne” de buen gusto) y ya hemos cumplido 30 años y dejado atrás todos los dramas en nuestras vidas, disfrutamos de “OT: El Concierto” en vivo, en directo, desde el gallinero, como debe de ser. Nos hemos negado a ver el concierto tal como fue retransmitido por TV, dónde lo único que se pudo apreciar fueron fallos de sonido, planos de principiante en Audiovisuales, escenografía de cartón-piedra y un tufo de gala de pre-selección de Eurovisión, un mundo dónde en la comodidad nuestros puffs de Aliexpress y los dedos pegados al Twitter podemos sentirnos tan relajarnos para criticarlo todo. El concierto de OT, algo que murió hace 15 años y ha vuelto a ser resucitado, es como un Survival Zombi del que debes disfrutar siendo perseguido por hordas de muertos vivientes que quieren comerte el cerebro, y no en una comunidad de supervivientes que se han creado su propia sociedad autosuficiente protegidos por muros de piedra y alambres de espino.

No sabemos cómo se vió por TV (bueno, sí, nuestras fuentes de Whattsapp nos iban comunicando que el cambio climático se hizo más evidente cada vez que un triunfito volvía a cantar) pero en directo, con 17000 personas enloquecidas y coreándolo todo como si fueran las últimas palabras que iban a pronunciar en vida, hizo que cada actuación fuese una catársis colectiva que nos elevó a todos hasta el Nirvana y nos sintiésemos miembros de una secta religiosa en pleno culto adorando a nuestros profetas. Es lo más parecido a estar dentro de la Iglesia del Palmar de Troya que vamos a estar.

Os vamos a contar cómo se vivió realmente cada momento en la realidad que se creó dentro del Palau.

El primer momento álgido de la noche llegó con la actuación de Fórmula Abierta interpretando el más importante himno de las fiestas de pueblo desde “Paquito el Chocolatero”: el hit atemporal “Te Quiero Más” fue tal trallazo que ni Geno se podía creer que la gente estuviera recibiendo el “Te Quiero Más” como si fuera el “Let It Be” de los Beatles. Todo el mundo saltó, gritó, arrebató pelucas y le gritó a Mireia lo guapa que era y lo bien que cantaba. Y es que Mireia Montávez ha sido junto a Chenoa la verdadera ganadora de éste reencuentro. La concursante que mejor ha evolucionado de todos: ha adquirido tanta clase y elegancia que parecía una dama de clase alta esposa de un embajador. El mejor “Cámbiame” de todos sin haber pasado por el programa de Prince Pelayo. Por las venas de Mireia corre sangre aristócrata. Si existiese justicia en este mundo Mireia sería portada de Hola! y nueva imagen de Porcelanosa.

Gracias a Juan Camus… mejor dicho, por culpa de Juan Camus, y de su sindicalismo triunfito, tuvimos que aguantar DOS solos de la estrella que triunfa en Twitter bloqueando a usuarios. Fue un momento bastante incómodo, cuando perpetró “Your Song” y “Angels” cantando PEOR de lo que lo hacía hace 15 años, porque muchos empezaron(mos) a abuchearle. Pero en cuanto vimos cómo aguantó con entereza que la gente le estuviese abucheando y con esa imagen de enfermo terminal que está cumpliendo su último sueño antes de morir cantando su canción favorita, creó tanta ternura y nos dio tanta pena a todos, que al final acabamos cantando “Your Song” imaginando que lo cantaba el mismísimo Elton John.

Muchos de sus compañeros triunfitos de saldo le agradecieron públicamente el defender sus derechos y que gracias a él ahora estaban cantando en solitario frente a 17.000 personas y más de 4 millones de españoles en sus casas. Algo que no volverán a vivir en sus vidas y que aprovecharon dándolo todo: Geno dejó de sufrir para berrear a gusto, Javián, que va ahora de heavy, se disfrazó de Soyunapringada con su pelo sucio y sus rímel corrido, interpretando una canción de Maná, y Mireia fue la más lista de la clase (de nuevo) eligiendo una canción de Mecano que todo el mundo se sabía y adoraba y coreó como Ana Torroja no lo ha vivido desde 1998.

Bustamante, que engordó expresamente para la ocasión para que le viésemos como en su primera época post-“OT1”, escogió una canción random (podía haber cantando “El Aire Que Me Das”, que al menos sería un “guilty-pleasure”) que solamente conocía Paula Echevarría, que como una carpetera, estuvo cantando con furor desbocado en el palco de VIPS. Un palco de VIPS, por cierto, en el que vimos a Jesús Vazquez (que cuando cantaban Juan Camus y éstos aprovechó para levantarse a hacerse fotos con los fans y venderles la fibra óptica de Jazztel a sus compañeros de fila, pero que luego lo dio todo con los “concursantes top” que diría Bisbal), el pelo de Nina, la mencionada bloguera y esposa de Busta con sus hijas con gorras de Super Mario Bros (?) y la mujer de Poty (sí, somos los únicos que podríamos reconocer a ésa señora) y en la última fila de la grada, los padres de Bisbal y al lado de su suegra, Rosanna Zanetti, la actual novia de David Bisbal, la mayor “attention-seeker” del estadio, que llevaba un vestido brilli-brilli de lentejuelas que se veía desde kilómetros (con las luces apagadas, se veían focos de luz que alumbraban todo el estadio provenientes de los dientes de Bustamante y el traje de Rosanna). Cuando cantaba Bisbi, la gusiluz Rosanna se ponía de pie a cantar y a grabarlo por móvil, y cuando su novio y su ex, Chenoa, cantaron “Escondidos”, miles de ojos se posaron sobre la venezolana para ver como reaccionaba, como cuando Bárbara sale de la sala de expulsión de “Gran Hermano” y sólo queremos ver las caras de los demás concursantes.

Luego cantó la mítica “Dos Hombres y Un Destino”, un himno en todos los karaokes de España, en el que, ahora sí, logró tener uno de los momentos más memorables de la noche. Éste temazo infravalorado bien podría haberle valido un Premio Nobel a su autor y así es como todo el público lo sintió, viviendo ésta pasional historia de tríos amorosos y amistades enfrentandas, como la mejor cabecera musical de una telenovela que nunca lo fue. A Álex le tocó la lotería cuando le llamaron para interpretarla a dúo con Bustamante y ser así recordado por algo musical (a parte del “Te Quiero Más” y de Merche) y así es como lo vivió él, como SU momento (como cuando lo único que tiene que hacer un amigo cuando viene a tu fiesta es traer el hielo y lo trae).

Para ser uno de las personas que más odio generan desde Rajoy, Bisbal tiró abajo el Palau cantando “Ave María”, quizás la canción que con más cariño recordamos del Bisbal que aún quería a Chenoa. También se benefició de cantar una canción de Alejandro Sanz que está instalada en el corazón de todos los españoles, “¿Y si fuera ella?”. Una canción que podría ser interpretada por Hitler y todos seguiríamos coreando. Realmente jugó con ventaja.
Cuando empezó a presentar a continuación a una “mujer maravillosa”, todos pensábamos que se trataba de Chenoa y nuestra ropa interior quedó impregnada de fluidos. La verdad es que han aprendido mucho de “Sálvame” y estuvieron cebando toda la noche el morbo Chenoa-Bisbal en las presentaciones de las canciones. Todo el rato parecía que la siguiente canción iba a ser “Escondidos”, vivimos con esa tensión durante dos horas y media provocando la aparición de múltiples ganglios linfáticos en los asistentes (al contrario que en “Sálvame”, al final sí que nos dieron lo que cebaron toda la noche).

Pero la que apareció fue Gisela cantando “Vida”. La youtuber catalana protagonista de “Gisela y el Reino de Hielo”, “Gisela En Busca de sus Hermanas” y “Encantada: La Historia de Giselle” (por si cuela y la gente se piensa que es un biopic suyo) entre otros filmes de culto, siempre nos ha parecido algo bipolar: si tuviésemos que apostar por qué triunfito le daría un brote de psicosis y apuñalaría a todos sus compañeros mientras duermen, todos apostamos por Gisela (y segundo, Juan Camus). Su particular visión de su mundo interior (es la Paquita Salas del mundo del espectáculo infantil), sus extravagantes tutoriales en YouTube de cómo beber agua de forma alegre o cómo rizarse el pelo con calcetines, su mirada perdida cuál Raquel Mosquera o, esa misma noche, cuando se olvidó de presentar la próxima canción y volvió a salir del escenario, confusa, como Carmen Sevilla en zapatillas, nos hace pensar que es la mejor candidata a hacerse un Britney 2007 entre todos los triunfitos de la primera edición. Porque si no, ¿quién en su sano juicio escogería cantar con ése cardado de cosplay de Rita Barberá con el que salió a cantar “Vivo Por Ella”?. Ese pelo fue el mayor desacierto estilístico de la noche…. y estamos hablando de un concierto de “Operación Triunfo 1”, el Infierno de Dante imaginado por Valentino. Eso sí, Busta y Gisela nos regalaron el segundo himno amoroso generacional de la noche (después de “Escondidos”) en una interpretación sentida y emotiva, sin necesidad de cobras y falsos acercamientos. Una química natural que ellos no estaban provocando (como Chenoa y Bisbal) y que dejaría muy preocupada a Paula Echevarría si no fuera porque, como todos, sabe perfectamente que Gisela solo podría enamorarse de su psicoterapeuta.

Otro momento carpetero máximo llegó con “Noches de Bohemia”, que sí acabó con final feliz: un beso plantado en los morros entre dos exs que aún se respetan y se quieren. Que aprendan. “Tu Piel” de Manu Tenorio (o del señor que aún queda detrás de la cara del que dice ser Manu Tenorio) y “Brisa de Esperanza” de Nuria Fergó colmó de alegría a todo el sector “flamenquito” que nació gracias a estos dos concursantes hace 15 años y que ha llegado a crecer tanto que se ha sobredimensionado de una manera atroz y contraproducente en “La Voz”. Nunca habrá mejores flamenquitos que la flamenquita de talent-show original, la Fergó. Nunca tuvo carrera posterior a su mítico “Zapatitos nuevos de tacón” pero no importa, porque su imagen sigue intacta 15 años después, y podría retirarse (si no lo ha hecho ya) que todos seguiríamos adorando a la One & Only flamenquita. Y todos los que votaron a Manu Tenorio como triunfito con más proyección artística en el futuro aún lo siguen pensando ahora, cuando su mayor triunfo ha sido una cara nueva y un cuerpo totalmente reformado portada del “Men’s Health”. Aún así, tampoco importa. Un temazo como “Tu Piel” nunca se olvida.

Naím Thomas y Verónica Romeo protagonizaron un segmento musical en el que millones de personas en sus casas se quedaron con cara de boniato (justo a tiempo para el Día de la Castañada) cuando cada uno interpretó su primer (¿y único?) single de sus carreras: Naím demostró ser Bruno Mars antes de que Bruno Mars fuera Bruno Mars con “Ven a Funky Street” y Verónica fue más Veroncé que nunca con su vestido de Beyoncé en concierto y su pelo de Mariah Carey en “Divas Live” (ella estaba realmente celebrando Halloween disfrazada de [inserta aquí profesión, en este caso Diva de la canción] “putona”) interpretando un temazo a reivindicar: “Bésame” es de 2002 pero parece que sea del 2016 (o 2017, según Bisbal). Una producción que sería la envidia de Katy Perry. Verónica no consiguió el Minuto de Oro como suele coleccionar cada vez que aparece, pero sí consiguió crear una de las polémicas de la noche. Una polémica bastante innecesaria, la verdad: presentando a su compañero Alejandro Parreño como “no es un musicazo pero bueno”. ¿Hola?. ¿Qué le ha hecho Parreño a Verónica para que le diga eso?. ¿Y que se lo diga precisamente Verónica?. No entendimos éste “lapsus de maldad” (Noemí Merino circa “Gran Hermano 12+1”) que le entró a la californiana, pero se lo perdonamos porque sabemos que va siempre en un estado alterado de la conciencia provocado por todos los porros que parece fumarse antes de hablar, lo que la convierten en la hija secreta de La Hierbas (Isabel Ordaz) y Verónica Forqué (por su tono de voz). Verónica es un spin-off de “Pepa y Pepe“.

La eterna benjamina de la Academia (tendrá 90 años y en la residencia de ancianos seguirá teniendo el mismo apodo) y la eterna Britney Spears española, ha dejado aparcada la promoción de su nuevo álbum “Gloria” y su single “Hazme (Uhh Uhh)” y de su trabajo como la Juan Y Medio femenina de Canal Sur para deleitarnos con un “Vas A Volverme Loca” que desató un furor uterino entre los presentes. Más quisiera Britney ahora.

Rosa de España no cantó ninguna canción de sus álbumes en solitario: ni “A Solas Con Mi Corazón”, el gospel de los chinos que le hicieron, ni “Caradura” que estaba casi confirmada (la canción que debió ser single en su momento y nunca lo fue) ni “Ausencia”. Pero se lo agradecemos. Así no empañó la buena imagen que seguimos teniendo de sus cuerdas vocales. Todo lo que ha perdido de kilos lo ha perdido de capacidad vocal… y eso nos entristece mucho. Hoy en día Rosa no podría cantar “Ausencia” sin destrozarla. Es como Mariah Carey en cañí. Nunca volverá a cantar como antes. Lo sabemos. Y la seguimos queriendo igual. Pero ayer se notó su falta de poderío vocal en algunos momentos que harían que ningún jurado se girara por su voz. Aún así, cuando cantó “Sueña” con Chenoa, nuestros corazones se derritieron. Nuestras almas se fundieron en una. Lloramos lágrimas de emoción. Recordamos ésa memorable actuación en “OT1” dónde muchos vimos la clara ganadora del concurso que no tenía rivales, y algo de eso se vislumbró en el Palau por unos instantes mágicos. Cómo también fuimos arrebatados por la “pazión” de “Europe’s Living A Celebration”, al final de la velada, antes de “Mi Música Es Tu Voz” y justo después de “Escondidos”, quedándonos ya sin voz para todo el mes. La redención de Geno: aquí sí que dio la vuelta a tiempo pudiendo acabar con el mito. Los que tengamos voz de travesti cazallera toda la semana es por culpa de actuaciones como ésta dónde nos dejamos la garganta.

Chenoa se atrevió a cantar “Atrévete”, recuperando incluso el pelo que llevaba en ésa época. La artista que introdujo los “featurings” en España (con “En Tu Cruz Me Clavaste”) se emocionó tanto cuando TODO el público comenzó a gritar su nombre siendo la más vitoreada de la velada (y la más querida) que rompió a llorar como Bridget Jones en su cumpleaños, volviendo a demostrar la máxima que todos repetimos en su momento: “ésta chica parece fuerte por fuera, pero por dentro es la más humana”. Un pensamiento que ella misma ha sabido explotar en sus trabajos, recientemente reivindicando sus sentimientos humanos en su último trabajo discográfico que Chenoístas han comprado de tres en tres copias.

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Chenoa

Es ya por todo el mundo sabido a estas alturas que la verdadera ganadora de éste Reencuentro tiene un nombre Cheyenne. El día siguiente del concierto de “OT: El Reencuentro”, no había tertulia, telediario, político, hogar, panadería o grupo de Whatssapp que no estuviera hablando de Chenoa. De la cobra que le hizo Bisbal. De que estamos todos con ella. Que Chenoa somos todos es algo repetido el día de hoy en todos sitios. La imagen de Chenoa nunca estará tan arriba como ahora, por lo que desde aquí recomendamos que saque un single a lo Taylor Swift, dejando entrever algún zasca a un ex inconcreto pero que todo el mundo sepamos de quién habla, y así sea #1 y lo pete, como se merece, después de ése disco tan infame que fue y sigue siendo “Soy Humana”. Chenoa merece ser la estrella musical, no solo mediática, que lleva en su interior.

El minuto de oro de audiencia del concierto fue con “Escondidos” (sorry, Verónica), con casi 4.8 millones de espectadores esperando una reconciliación en directo que nunca se produjo.

Todos estábamos esperando éste momento desde que anunciaron el reencuentro de “OT1”. Chenoa lo sabía. Bisbal lo sabía. Gestmusic lo sabía. Universal lo sabía. Miami lo confirmó. Y todos estábamos esperando EL momento de la noche, henchidos de morbo, salseo, ganas de volvernos a enamorarnos de ellos y que ellos se enamoren de nuevo. Jennifer Aniston y Brad Pitt reunidos de nuevo. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Valle y Quimi. Cleopatra y Júlio César. Todos nuestros referentes en el amor reunidos en una sola pareja ésa noche: Chenoa y Bisbal.

En cuánto sonaron los primeros acordes de “Escondidos”, 17.000 personas en el Palau y millones en sus casas tuvieron un orgasmo colectivo. Dentro de 9 meses nacerán miles de niños a los que los padres llamarán Chenoa o David.

Todos los movimientos de la pareja artística fueron examinados en directo con lupa, retransmitidos por los allí presentes como si fuera un partido de fútbol: ¡Se han rozado! ¡Se dan la mano! ¡Se abrazan! ¡Se miran a los ojos! ¡Desde aquí veo la pepitilla de Chenoa humeando! . Cada vez que se producía el más mínimo roze, el público se emocionaba, gritaba, lloraba, enloquecía, se arrancaba mechones de pelos y sacrificaba cabras ofreciéndole su sangre a los dioses para que esos dos se besaran.

Nunca pasó. Nunca se besaron. Por mucho que se agarraran de la cintura y se abrazaran como quien abraza a su primo.

Por más que Chenoa lo deseara. O esa fue la sensación que nos dio a todos, tanto en directo como en sus casas (que diría una presentadora rancia), finalmente llegando a la famosa Cobra que ha conmocionado a todo un país y a Spielberg.

Una actuación que fue una montaña rusa de emociones que nos dejó a todos exhaustos. Un momento mágico que será recordado en los libros de Historia de España. Cuando Meryl Streep sea nominada otra vez al Oscar por interpretar a Chenoa, su Oscar-clip será el momento en que Bisbal le hace la cobra. El instante preciso que todos nuestros corazones fueron destrozados, machacados y apuñalados por una sola persona. A partir de hoy: David Bisbal nos ha roto a todos el corazón. Todos somos ex de Bisbal. Todos odiamos a Bisbal por no creer en el amor verdadero. Por no devolverle el cándido gesto de una mujer que lleva una década negándose a sí misma que sigue amando a un hombre que nunca podrá olvidar. Bueno, eso es la historia que nos hemos montado todos. En realidad fueron los actores perfectos que escenificaron una telenovela a la que todos queríamos asistir a su último capítulo. Solo que el final nos lo imaginábamos distinto. Pero éste, queramos o no, es el final más realista que podía tener esta historia.

Y también es el final que debería tener “Operación Triunfo”. Han cerrado un círculo, un maravilloso y fantasioso círculo de amistades reencontradas, del que todos hemos sido testigos. Pero cuya imagen no debería ser empañada con futuros destrozos a nuestra memoria colectiva. El Reencuentro de “OT1” ha sido un éxito. Y es así como lo queremos recordar. Quizás dentro de 15 años. Pero ahora no.

Demasiado porno nostálgico no es bueno para nosotros, lo dicen todos los médicos. (*) M.S.

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