Crónica | Fin de gira de Estopa en el Palau Sant Jordi | ¿Y qué coño hacíamos en un concierto de Estopa?

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Esto es…

No es fácil hacer la crónica del concierto de Estopa en NETP. Entre Rihanna y The Smiths, parece no quedar espacio en la redacción para un grupo como este.

La reacción de gran parte de la misma y de nuestro entorno respecto a los hermanos de Cornellá siempre es igual “¿Qué coño hacéis en un concierto de Estopa?”, con un tufillo de superioridad moral y clasismo musical muy obvio.

Pero Estopa es muchas cosas y muchas son las razones. Estopa es buen rollo, es nostalgia, es 1.999 y la raja de tu falda, son canciones que, indudablemente, han conseguido calar en el imaginario colectivo. Incluso el miembro de la redacción menos sospechoso de ser seguidor de los catalanes conocía alrededor de 20 de la treintena de canciones que sonaron anoche y salió con la convicción de que el público del dúo hacia uso enfervorecido del Manual para los fieles de Los Piratas.

La realidad (estos son los datos, suyas son las conclusiones) es que el dúo encadena ya 17 años en primera fila. Desde aquel lejano La Raja de Tu Falda  (que siguen tocado incansablemente pese a que probablemente ya no les represente) y el éxito de la primera maqueta mainstream de la era Internet (que mostraba, por primera vez, que el imperio y control magnánimo de las discográficas iba a ser derrotado inexorablemente en breve -así fue-). Desde entonces, la fórmula, sin prácticamente variación ni “sonidos del 2017” (Bisbal dixit), ha conseguido nueve discos número uno y nada más y nada menos que 8 Palaus Sant Jordi llenos hasta la bandera. La noche del sábado no fue una excepción y todas las entradas se agotaron hace ya semanas.

Así, David y José hicieron un repaso a toda su carrera haciendo gala de lo que mejor saben hacer y mejor les funciona: no tomarse nada en serio y darle al público lo que quiere. Si la gente ya te quiere siendo tu mismo, para qué cambiar.

Empezar con Cacho a Cacho ya resultaba toda una declaración de intenciones. Y es que no se olvidaron en ningún momento de las canciones que les llevaron a lo más alto. Éstas se fueron intercalando con regularidad durante el concierto con los temas nuevos (resultona Gafas se rosa) y consiguieron los momentos álgidos de la noche, protagonizados por sus temas más emblemáticos, desde el Ya no me acuerdo, El de en medio de los chichos, a Vino tinto o a esa brillante oda al cunnilingus que es su homónima Estopa, de su primer álbum.

Como siempre, sorpresas las justas. Una versión en catalán de Serrat y astronautas y elefantes rosas bailando por el escenario resultaron de las pocas salidas del guión establecido.

Resumiendo, fueron casi tres horas de música, buen rollo (repetimos a propósito), rumba y un público entregadísimo que decidió, sin esconderse, que todas las leyes que prohibían el fumar en recintos cerrados quedaban abolidas y que la marihuana era legal por una noche.  La contagiosa predisposición del grupo y la gente a pasarlo bien quedó fuera de toda duda y se convirtió la otra gran protagonista de la noche (una frase manida pero en este caso muy real).

Cerrando con Ojitos rojos y el clásico atemporal que es y siempre será Como Camarón (que reventó el Palau), el resto estaba hecho. Épico. Por las camisas rotas. Larga vida a Estopa y que digan de nosotros lo que quieran.

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