Crónica | La noche en la que The Corrs devolvió los noventa a todo Cap Roig

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The Corrs

Conocí a mis amigos hace nueve años y nuestra primera conversación fue acerca de The Corrs. DESTINO. ¿Qué mejor manera de romper el hielo que con una conversación tan blanca e informal como suponía hablar de los irlandeses?

 

Curiosamente, hoy, por conjunción planetaria, repetíamos los mismos una década después, pero esta vez, para verlos en vivo y en directo en concierto en el Festival de Cap Roig. Obviamente, las expectativas eran altas.

La velada fue de menos a más. Del gallinero a la tribuna vip (metáfora). De la tribuna vip a que Andrea Corr te agarre la mano y te cante Mujer contra mujer (metáfora). Adelantamos, por tanto, que las expectativas, fueron colmadas.

En definitiva, fue una noche memorable que la banda resolvió con un acertado ejercicio de nostalgia efectista y buenas vibraciones. Y es que The Corrs representan lo mejor de los noventa. El buenismo, el buen rollo y la inocencia de esos años transformados en un pop agradable, con un evidente punto naïf, que hicieron , sin duda, mella en un imaginario colectivo que les acogió con los brazos abiertos y numerosos números uno durante la última mitad de la década. El acertadísimo toque irlandés marcaba la diferencia y  el resto, es historia.

 Hoy, The Corrs, vuelve a marcarla. Tras un parón de 10 años en un regreso que se tomaron con calma, los hermanos volvieron, herejes de la moda musical imperante, repitiendo  exactamente la misma fórmula y la misma esencia. Un acto que, a día de hoy, sólo puede ser considerado como valentía.

Tanto su nuevo disco como su última gira podrían haberse estrenado 2 meses después de su penúltimo trabajo y nadie habría notado la diferencia. Pero lo que pudiera parecer un defecto es, en realidad, su mayor virtud. Y es que, resulta innegable que gran parte de su iconicidad actual radica en la nostalgia que despierta el recuerdo de su sonido y su contexto. Sólo había que ver la reacción entusiasta del público cuando se entonaron himnos como Dreams o Runaway, que sonaron a la perfección en vivo.

Para una entregada Andrea Corr parece no haber pasado el tiempo.Tanto a ella como a sus hermanos se les ve tranquilos. Relajados. Disfrutando de su vuelta a los escenarios a otro nivel. Ahora juegan en otra liga en la que, probablemente, se encuentran más agusto.  Han cambiado  (han pasado diez años) pero siguen siendo los mismos. Y ya no necesitan  un Breathless.

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Anoche en Cap Roig

La noche comenzó con la pegadiza y buen rollera I do what I like, y no tardó más de tres canciones en desenpolvar un antiguo hit. En este caso, Forgiven, not forgotten fue el primero (de muchos) en llegar. Y ya estábamos sobradamente teletransportados a 1996.

Así, sonaron, casi sin interrupción clásicos como Radio, las instrumentales Lough Erin Shore / Trout in the Bath / Joy of Life, Only when I sleep, I never loved you anyway o So Young. 

El concierto transcurrió a buen ritmo salvo por quizá, algún momento más “de bajón” por algunas elecciones del set list como Ellis Island, en la que tratan el tema de la inmigración. Sin embargo, si resulta ésta una elección consciente en la era del Brexit, Trump o los refugiados, viniendo de un país con una historia migratoria como la de Irlanda, nada que objetar.

De su etapa más reciente, Kiss of Life se perfila como uno de los temas más notables de su último disco y uno de los que cuentan con más posibilidades de perdurar dentro de su repertorio. Y aunque faltaron algunas canciones  imprescindibles (un Summer Sunshine,  Angel, The Hardest Day o One Night -predilección personal- hubieran venido realmente bien) y algunas personas, cuando sonó Breathless, una de sus más firmes signature songs, y el cierre con Toss the Feathers, los cuatro hermanos ya nos habían convencido del todo.

Durante el fin de semana estuvimos discutiendo acerca de por qué es tan difícil para algunas personas sonreír a la vida un momento y ponerle un diez a las cosas. Si has disfrutado una película de principio a fin, si te ha emocionado y te ha deleitado con cada plano. ¿Por qué no ponerle un diez?

Y si has disfrutado un concierto de principio a fin, si te ha emocionado y has vivido cada momento. ¿Por qué no ponerle un diez?

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