The Formation World Tour en Barcelona | CRÓNICA | La gira en la que Beyoncé cambió para siempre (y el público no se dio cuenta)

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The Formation World Tour

Si se presentara a oposiciones, Beyoncé las ganaría todas. Si se presentara a las elecciones, ganaría todos los comicios, a lo Kim Jong-un, hasta que dejara de haberlos. Y es que Queen B es la típica compañera de clase que todos hemos tenido que siempre sacaba dieces y todo el mundo da por sentado que volverá a sacarlos, fácilmente, una y otra vez como si partiera de un escalafón superior o como si su vara de medir no fuera de este mundo. El día que saque un 8 será un drama y eso es, en parte, lo que pasó con Beyoncé en su concierto en Barcelona.

“Lo hace muy bien”, “Que bien canta y que bien baila” y “es la artista más completa” son los mantras que el gran público, aquel que se quedó en Single Ladies, repite sin parar después de un concierto suyo. En la ciudad condal todos esos mantras que surgen irreflexivamente ante la presencia escénica de Beyoncé se reiteraron, pero en medio de un pequeño (e inconfesable) “halo” de decepción. Y es que, pese al éxito de la gira y al hecho de que multiplica por tres la capacidad del recinto respecto a su última visita en Barcelona, no está diseñada, artísticamente, para llenar estadios. En primer lugar y aunque nadie se haya dado cuenta, el último número uno de la líder de Destiny Child data de 2008. Hace 8 años que Beyoncé no consigue un número uno en Billboard.  Si a esa falta de éxitos icónicos recientes le sumas poca predisposición a homenajear tus viejas glorias, te queda un concierto destinado a los fans más entusiastas.

La cantante no se olvidó de Single Ladies: la apartó  de su repertorio con premeditación y alevosía. Lo que en Coldplay se convertía en una incansable retahíla de HITS (a.k.a. Blockbuster, darle al público lo que quiere) fue impugnado aquí con la contundente declaración de intenciones que supone no cantar su mayor HIT en una década.

The Formation World Tour es, en realidad, un homenaje a la nueva Beyoncé. Menos mainstream y conceptual. Menos radiable y rompe-pistas. Y por lógica elemental, debería ser menos mayoritaria. Pero no. El gran público se niega a dejarla marchar y por ello, Beyoncé llena más y mejor que Rihanna o Katy Perry, su antítesis musical, con muchos menos números unos en su haber (y mucho más lejanos).

Todo cambió con el lanzamiento sorpresa del visual “Beyoncé”. Ya no era una artista esclava de hits. De hecho, no necesitaba ni singles claros. Se convirtió, de la noche a la mañana, tras intentar buscar el HIT a la desesperada en Who Run The World (Girls), en una artista conceptual. De discos. Artística y alternativa. Con guiños al indie  y alejándose de la radio. Sin embargo,  no ha sido impedimento para que su mito haya seguido creciendo y sea aún más grande. Alejarse del Billboard Hot 100 y de la “vara de medir tu carrera” que supone es, probablemente, el paso más inteligente de su carrera.

Y es que una persona que no se inmuta cuando se hermana y su marido se están liando a hostias en un ascensor en su cara o que reacciona a unos cuernos con un Lemonade, ha nacido para ser una leyenda.

El espectáculo de ayer de Beyoncé fue un notable. Ella es la marca. Es inteligente. Y lo sabe. Y lo potencia al máximo.

Cómo canta. Cómo baila. Cómo maneja.

Y como erige, además, un trabajo visualmente espectacular .   Tan notoria es su marca que ha sobrepasado a su música. La gente se ha olvidado que no sabe tararear nada de ella desde 2008 y, lo más importante, parece darle igual.

Si alguien se preguntaba antes del concierto que diantres hacía un cubo de 300 metros cuadrados en medio del escenario la respuesta era “sólo para llenarlo con su cara y su peluca” (que le gusta una peluca a una negra). “Gran plano general, plano general, medio, americano, primerísimo primer plano, plano detalle de intento de lágrima” . Todo un excelente manual para los estudiantes de comunicación audiovisual: todos los planos que existen en la teoría cinematográfica de una Beyoncé de 13 metros frente a un público incapaz de corear las canciones. Ni siquiera la bochornosa versión en español de su canción más Guilty Cosmopolitan Irreplaceable (“Lárgate me das asco”), interpretada en castellano en “plan-sorpresa-soy-latina-lo-vais-a flipar, vais-a-llorar” tuvo ningún efecto ante una atónita Beyoncé que maldecía Barcelona por dentro en una noche que tuvo en Drunk in love lo más parecido a un éxito reciente interpretado al completo.

El aura de infalibilidad y profesionalidad de Beyoncé es tal que incluso cuando una canción suya nos ha horrorizado (Diva) nos parecía  tan adelantada a nuestra época, que no llegábamos a entenderla. Porque Beyoncé no puede hacer una bazofia Nos hemos fustigado para asimilar que sus canciones que no nos gustaban no eran malas,  es que no sabíamos apreciarlas. Porque Beyoncé es mejor que todos nosotros. No importa lo que hagas, así es.

A modo de ejemplo, nadie sugeriría su nombre en una encuesta la lista de artistas americanas con las letras sexuales más explícitas. Porque es una señora. Sin embargo, Queen B es la rein, en toda regla, de la “sexualidad obscena para mujeres casadas(“He Monica Lewinsky-ed all on my gown, Oh daddy daddy, didn’t bring a towel”), representada aquí en España por Tamara entrevistada por Joseba Solózabal en TeleBilbao (¿Dónde está esa pieza de coleccionista ahora que la han retirado de Youtube?), con el meritorio añadido de conseguir no se objeto de polémica por ello. ¿Y es que quién se atreve con Ms. Knowles, si solo tras insinuar el posible nombre de “la otra”, todas las Beckys de buen pelo de Estados Unidos tuvieron abandonar Twitter  el país?

De los temas de “Lemonade”, Daddy lessons fue, con permiso de la magnífica obertura con Formation, una de las que más pasiones levantó. Y no es de extrañar porque resulta lo mejor de su último trabajo y un paso gigante para la artista, con una letra y un toque country que muestra una faceta desconocida en ella. “My daddy likes his whisky with his tea”, más propia de Alanis Morisette o Lucía Etxebarría que de Beyoncé,  es una de las muestras de que algo ha cambiado.

Igual que cuando sonaron Baby Boy o Naughty Girl , el público enloqueció, durante los cincuenta segundos que duró, cuando llegó el momento del símbolo de los primeros dos mil Crazy in Love. Esta brevedad se vio complementada después con uno de los mejores sets de la noche: la acuática interpretación del himno Freedom, uno de los momentos más memorables de la noche y una muestra del acercamiento de la cantante a movimientos políticos y sociales. Luego pasó a la eterna Survivor y su magistral “You thought I wouldn’t sell without you, sold 9 million” que dio paso al cierre, de la mano de End of Time y Halo, un final más que digno que solo se vio empañado por la cantidad de gente que dio por sentado que después llegarían las mujeres solteras.

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Beyoncé mojada, un privilegio

Respecto a su acercamiento a campañas sociales y políticas, ha tenido como epicentro la lucha feminista y el movimiento Black Lives Matters, aparte de ser una activa defensora del partido demócrata. Hace unos días, Hillary Clinton escogía a Beyoncé como Vicepresidenta ideal en un juego en el programa de Ellen DeGeneres. Por su parte, la cantante ha apoyado públicamente su campaña de cara a las próximas elecciones presidenciales y a nadie debería sorprenderle, pues los paralelismos entre ambas están ahí. Mujeres poderosas, de fama prolongada en el tiempo y de personalidad fuerte y ambiciosa que muchos confunden con falta de escrúpulos y ambición desenfrenada.  También, dos iconos de cómo encarar una infidelidad en una vida tan vox populi como la suya. Ninguna de las dos se ha amilanado ante los problemas y los han sabido aprovechar para hacerse más fuertes y llegar más lejos. A la vista está.

Y es que Beyoncé, como la inmobiliaria, es una burbuja que ha seguido creciendo sin parar. Y ayer lo demostró una vez más, en la noche en la que sobró talento y faltaron hits. Sobró técnica y faltó salseo. Hubo presencia e icono. Los grandes éxitos, para después. O nunca.

Para seguir llenando estadios así necesitará uno pronto. O a lo mejor, el público, sigue sin darse cuenta. La gente es tonta, siempre lo ha sido.

Para seguir construyendo su leyenda, sólo necesita seguir haciéndolo así. Y no quepa ninguna duda, lo hará.8

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2 comentarios en “The Formation World Tour en Barcelona | CRÓNICA | La gira en la que Beyoncé cambió para siempre (y el público no se dio cuenta)

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