CRÓNICA | Coldplay en Barcelona, la “rave” de nuestras vidas | TOUR “A Head Full of Dreams”

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Coldplay en Barcelona

Barcelona, 26/05/16. Cuando la ciudad condal no se había repuesto de dos noches seguidas del huracán Adele, otros británicos ilustres volvían, a pocos metros de distancia, a colocar a la música de Reino Unido en lo más alto. Más de 55.000 almas, tras superar largas colas e interminables  controles de seguridad, se agolpaban como podían en el Estadi Olímpic de Barcelona, en la primera de las dos noches en las que  Coldplay paseaba su música por Barcelona. Y lo hizo, como no podía ser de otra manera, con una noche para el recuerdo.

No era el que esto escribe un acérrimo seguidor de la banda. Más bien, situaba a los británicos dentro de la larga lista de artistas solventes con buena mano para hacerse un selfie y algunos hits llena-estadios que les permitieran mantenerse en el candelero. Pero hubo un día que la inmensa Yellow, casi 15 años después de lanzarse y pasar desapercibida, lo cambiaría todo y me daría una perspectiva nueva sobre lo que es, en realidad, la grandea de Coldplay: un grupo con un prodigioso talento para componer piezas redondas, dotadas de una sublime e innegable capacidad para conectar con el gran púbico y que, éste, haga suyas sus canciones

Anoche, quedó patente a tan sólo  4 minutos de comenzar, cuando tras la introductoria A Head Full of Dreams, que da nombre a la gira y a su último trabajo, decidían empezar fuerte con un Yellow que inundó de amarillo el Estadi Olímpic de Montjuïc y las pulseras de los espectadores, retrotrayéndonos durante más de dos horas al universo colorista y épico, tan buen rollista como nostálgico, de Chris Martin y los suyos.

Fueron 130 minutos en los que hubo tiempo para la introspección (sobre todo en su repaso a la etapa más lúgubre de su historia, el disco post-ruptura Ghost stories, alter ego de su último trabajo, que contiene las austeras, sentidas y muy Bon Iver Midnight, Magic o Ink que sonaron anoche a a perfección) y la pena (con las inconmensurables pero inmensamente tristes The Scientist -Nobody said it was easy, no one ever said it would be so hard- o Fix You -Tears stream down your face when you lose something you cannot replace- ).

Sin embargo, la tónica dominante en el concierto fue otra. Así, fue la euforia y la alegría las que se llevaron el gato al agua, ayudadas de fuegos artificiales, polvos de colores y de las efectivas pulseras multicolor que entregaron a cada persona del público. Estas entusiastas emociones resultan inseparables del carácter universal de una banda que ha conseguido himnos de la altura de un Viva la vidaThat’s when I ruled the world – que ayer se encumbró como epicentro de la noche y obra maestra atemporal. CLÁSICO DE NUESTRO TIEMPO.

Con una audiencia entregada al máximo y una visibilidad dificultosa por momentos ante el baño de multitudes que suele acompañarles, todo lo que quedaba era hacer honor a la máxima del grupo y disfrutar del momento, sin más. Luces, baile y tintes de “rave” asaltaron la noche cuando sonaron algunos de sus hits mejor diseñados para reventar este tipo de eventos: así fue como la vibrante Charlie Brown, su homenaje al fin de semana y a estar colocado (Hymn for the weekend) o su daftpunkiana, vitalista y contagiosa Adventure of a lifetime conquistaron a propios y extraños.

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Coldplay

Otros de los highlights de la noche, como no podía ser de otra manera, fueron la interpretación en vivo de la magistral e icónica Clocks, que tantas otras canciones ha inspirado, y de la jovial Paradise, que inició ese ambiente de libertad y positivismo extremo (la “rave” que mencionábamos antes) que no se detuvo en toda la noche.

Cabe destacar que también hubo momentos para el homenaje (ese aplaudido recuerdo al maestro David Bowie y su Heroes) y para rescatar algún tema menor (See you soon, a petición de una persona del público a través de las redes sociales y probablemente, el único fallo de un set list muy conseguido) o más desconocido (la maravillosa y narcótica Don’t panic o Birds, una de las canciones más reposadas de su último disco).

A Sky Full of Stars, otro claro ejemplo de los hits perfectamente diseñados para reventar estadios olímpicos, se convirtió en lo más parecido a vivir un We Found Love en la vida real que hemos vivido en un concierto y sirvió de último subidón antes de un cierre que vino de la mano de Up&Up. Fue este optimista tema, acompañado de su surrealista videoclip, el encargado de despedir la velada por todo lo alto.

Coldplay se fue como esperábamos, por la puerta grande, demostrando por qué son quienes son y por qué están donde están, dejando fuera de toda duda que han transcendido y que han acumulado uno de los legados musicales más importantes del siglo XXI. Entre rumores de separación y de cese de actividad, sólo podemos desear larga vida a Chris Martin y los suyos y más noches como esta. 9

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