CRÓNICA | Noel Gallagher’s High Flying Birds en Barcelona: Perpetuando el britpop

Foto de @RiesgoRNR (Twitter)

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A menudo se dice que el rock nunca muere, pero podríamos decir lo mismo del britpop. O esa es la conclusión a la que llegamos el sábado dentro de un Club Sant Jordi desbordado por cientos de seguidores de Noel Gallagher que probablemente lo fueron en su día de Oasis. Veinte años después de la creación de la banda, y ocho años más tarde del lanzamiento de su último álbum como grupo, el mayor de los hermanos Gallagher sigue arrasando y arrastrando al público allá por donde pasa, ya sea para escuchar sus composiciones en solitario o por la nostalgia de cantar himnos generacionales como “Don’t Look Back In Anger”. El británico ya llenó el viernes en Madrid, y repitió la hazaña un día más tarde en Barcelona en el marco del festival Guitar Bcn 2016.

Habían pasado cuatro años desde el último concierto de Noel y sus pájaros de altos vuelos en la Ciudad Condal. Aumentó el aforo (en 2012 actuó en la Sala Razzmatazz) y aumentó también el repertorio. Con un disco más a sus espaldas, el cantante se repartió el tiempo entre las nuevas canciones y las de su notable debut, empezando por “Everybody’s On The Run” con la que arranca todos sus shows a golpe de guitarra, y siguiendo con una terna de temas de su más reciente trabajo Chasing Yesterday” formada por la potente “Lock All the Doors”, la pegadiza “In the Heat of the Moment”, y la beatleiana “Riverman” con su distinguido solo de saxofón. También sonaron entre otras “Ballad of the Mighty I” , “The Mexican” y la preciosa “If I Had A Gun”, que dedicó a su mujer que observaba desde las gradas con sus dos hijos.

Pero sin duda, los números más aclamados fueron los clásicos de Oasis. Muchos fueron los que seguramente se emocionaron con “Half The World Away”, tantos como los que se dejaron la voz en el estribillo de “The Masterplan” y corearon hasta el final aquello de “Someday you will find me caught beneath the landslide, in a champagne supernova”. Una lástima que muchos de los temas rescatados por el cantante no fueran de los más conocidos: Cambiaríamos “Sad song”, “Digsy’s dinner” o “Listen Up” por “Whatever”, “Stop Crying Your Heart Out” o “Little By Little”, por decir algunas. Pero a Noel es imposible cambiarlo, y por mucho que el público le pida canciones y se vuelva loco cuando toca las míticas (y solo unos pocos lo hagan cuando suena una de esas rarezas), él seguirá haciendo lo que le de la gana.

Pero se lo perdonamos porque, por suerte, pase lo que pase, “Wonderwall” nunca falta. Tan solo fueron necesarios dos acordes de su canción insignia (que reinterpretó con ligeras modificaciones) para desatar la euforia entre los ahí reunidos y dar lugar a uno de los momentos más mágicos, intensos e inolvidables del concierto. El bis no podía empezar mejor, y tras “What A Life” , como no podía ser de otra forma, llegó la despedida con un público entregado cantando al unísono sobre revoluciones entre sábanas y diciéndole a una tal Sally que puede esperar. Nosotros también esperaremos a la próxima, y es que mientras Noel siga girando y nos siga visitando, los nostálgicos seguiremos teniendo una cita obligada.

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