CRÓNICA | Julieta Venegas, el verso suelto mexicano conquista Barcelona con el discreto encanto de la sencillez

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Julieta Venegas, anoche en el Liceu de Barcelona

Salvo en alguna honrosa excepción, Julieta Venegas ha vivido voluntariamente en una segunda línea musical en lo que a repercusión se refiere. Sin perder nunca la relevancia, Venegas escapó de las modas y las designas de los mercados musicales tras la exitosa etapa mainstream que le supuso el disco Limón y Sal y su mayor HIT hasta la fecha, Me voy, con la que cerraba anoche una noche en la que confirmaba su título, tan único como ella, el de agradable reina alternativa de la música mexicana.

Siempre nadando entre las dos aguas que suponen ser demasiado comercial para el circuito alternativo y demasiado convencional para el mercado indie, Julieta Venegas ha encontrado ya su lugar, en el que resulta obvio, se siente plenamente cómoda para hacer lo que le da la gana. Y la confianza que le han dado los años se nota en un escenario en el que se mueve como pez en el agua, con una naturalidad arrolladora pese a estar presentando su último trabajo en el Gran Teatre Liceu de Barcelona como una de las cabezas de cartel del Festival Suite.

Nada podía mal en un concierto que empezaba con los aires argentinos de Esperaba (“las canciones de Charly sonando en la radio me hacían volar sobre Buenos Aires”), canción que abría un meditado setlist que, si bien desnudaba en gran parte el contenido de su último trabajo Algo sucede, no olvidaba efectuar un completo recorrido por la discografía de la cantante. Los mejores momentos del nuevo disco se dieron con la optimista Buenas noches, desolación, la preciosa Tu calor, o el primer single Ese camino.

Explosión, la festiva y colorida canción denuncia sobre la terrible situación de violencia y secuestros en México de una manera original y llena de contrastes, fue una de las grandes olvidadas de la noche.

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Julieta

 

No fue Explosión la única olvidada de la noche (se echaron de menos algunos míticos temas de la cantautora, como Sería Feliz, Amores Perros o Tuve para dar, que hubieran sido un buen añadido), pero la carrera de Venegas es lo suficientemente prolífica como para que sea imposible contentar a todos en un concierto de dos horas. Sonaron, sin embargo, otros clásicos de su discografía, como la magistral Lento, Algo está cambiando, Limón y sal o la pegadiza Eres para mí. 

No se olvidó Julieta de alguno de sus mejores, aunque más desconocidos, temas, como los sublimes Ilusión o Debajo de mi lengua (“Todo lo que quiero se me escapa de las manos, eso es lo que no quería admitir...”), que cantó a dúo con Dom La Nena.

Tras un obvio falso cierre con la vitalista y mindfulness oriented El Presente, el público del Liceu se levantó de sus butacas para el broche final: el cover de Sin Documentos de Los Rodríguez, que siempre le encajó como anillo al dedo, el clásico Andar Conmigo (y su míticoPodríamos decirnos cualquier cosa, incluso darnos para siempre un siempre no, pero ahora frente a frente aquí sentados, festejemos que la vida nos cruzó) y como no podía ser de otra manera, la redonda Me voy como himno de fin de fiesta.

Julieta Venegas demostró anoche lo que es, un adorable verso, un símbolo clave de la música mexicana y un emblema de la música latina, tan desapercibido a veces como imprescindible. 8

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