CRÓNICA | “Chaos And The Calm” Tour | De cómo James Bay llenó y conquistó Razzmatazz

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“¿Quién es James Bay?”. Esta pregunta que se harían muchos hace un año ya no resulta tan habitual. El británico que se dio a conocer hace doce meses con su primer single de largo recorrido “Hold Back The River” colgaba este fin de semana el cartel de Entradas Agotadas tanto en el concierto de Madrid como en el de Barcelona donde acudía a presentar su debut “The Chaos And The Calm”, el álbum que le ha abierto el camino al éxito. Una nominación a los Grammys y dos Brit Awards lo avalan, pero sin duda, el mayor premio que puede recibir un artista es el del público, y recibimientos como el que una abarrotada Sala Razzmatazz le dio el pasado sábado son el reconocimiento más importante.

En el marco del “Guitar Festival BCN”, el cantante llegaba por primera vez a la Ciudad Condal bajo su icónico sombrero, sus pitillos, sus botas negras y su inseparable guitarra para desmenuzar su aclamado disco, del que no se dejó ni una sola canción en el tintero. A ritmo de funk, abrió el show con “Collide” a la que le siguieron la rockera “Craving”, y los medio tiempo “When we were on fire” y “If You Ever Want To Be In Love”. Más energético de lo que suena en estudio, el artista se creció ante un público entregado de principio a fin, especialmente con las baladas en acústico “Need The Sun To Break” y “Let It Go”, que se coronaron como los momentos más románticos de la noche.

Otra de las más aclamadas fue su nuevo single, la divertida “Best Fake Smile” con su estribillo tan pegadizo, y con el que cerró una primera parte en la que tampoco faltaron la desgarradora “Scars”, la tierna “Move Together” y la guitarrera “Get Out While You Can”. Para el bis final quedaron “Incomplete”, una versión de “Proud Mary” (en Madrid fue un cover de “If I Ain’t Got You” de Alicia Keys que nos habría encantado escuchar), y como no podía ser de otra forma, su éxito “Hold Back The River” para cerrar el recital de la mejor forma posible.

Con su voz semi-rota a lo James Morrison, entre la melancolía de Passenger y el blues-folk de George Ezra, el músico derrochó talento y carisma durante los casi noventa minutos de concierto. Le faltó soltarse un poco más y una mayor interacción con el público (no basta con repetir doce veces el nombre de la ciudad y ponerse una camiseta del Barça al acabar), pero por lo demás, el artista cumplió y demostró porque ya no nos preguntamos aquello de “¿Quién es James Bay?“.

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