CRÍTICA | “Lubna” de Mónica Naranjo, música sin límites

LUBNA
“Lubna” por Pequeño Desastre

Acercarse al universo Naranjo, no es acercarse al universo de cualquier estrella del pop nacional. Catalogada como diva, en ocasiones arrogante, lo cierto es que su discografía dista de ser lo que se espera de una cantante puramente pop dotada de una voz sobrenatural. La industria española y los medios nunca han tenido claro dónde colocarla. Diosa sobre humana para unos, choni chillona venida a más para otros. Probablemente ni lo uno ni lo otro. Lo que sí es Mónica Naranjo desde su disco homónimo debut es una artista honesta.

Esa honestidad que en hombres se ve como un plus (Loquillo, Calamaro, Bunbury, Nacho Canut) en mujeres suele convertirse en divismo y arrogancia. Esto es solo un apunte de un debate más extenso. Pero lo que está claro es que Mónica siempre ha ido contracorriente de lo que le tocaba en cada momento. Tras el éxito incuestionable de “Palabra de Mujer” (1997), todo el mundo esperaba el primer single de su siguiente disco y llegó “Sobreviviré”. Una canción convertida hoy en himno, pero que no encajaba mucho (de nuevo) en lo que sonaba en esos momentos. “Sobreviviré” como presentación de “Minage”, donde lo único pop que había eran “If you leave me now” y “Enamorada”. Haciendo suyo el catálogo de Mina a golpe sinfónico y a ratos de rock andaluz. Después “Chicas Malas”, el ostracismo, “Tarántula” y una vuelta a lo mediático y la regularidad de actuar encadenando diversas giras. Solo hay un proyecto de Mónica que realmente desdeño que es “4.0”. Subir los decibelios de las guitarras a temas como “Desátame” o “Solo se vive una vez” fue totalmente innecesario, teniendo en cuenta la escasa discografía de Mónica y lo lejos del concepto inicial de esos temas, respecto de lo que intentó en ese reciclaje.

Tras programas de TV, tras un acercamiento de su imagen, llega “Lubna”. Con “Lubna”, han vuelto las declaraciones honestas en la prensa y las guillotinas y hogueras de Twitter se han vuelto a encender. Mónica siempre ha dicho lo que pensaba: dijo de sí misma que era monísima y cantaba como nadie, se enfrentó a Francisco en “Tu cara me suena” poniéndole en su lugar, recomendó en “Operacion Triunfo 2” que se buscaran abogados, siempre dijo que era una outsider en la industria, denunció los malos tratos sufridos por su madre en su infancia en Rolling Stone con una carta demoledora. Mónica es intensa, sensible y valiente. Valiente porque en un momento en el que vender 5.000 copias en España es un éxito, valiente porque en un momento mediático podría haber recurrido a los productores de moda y lanzar un disco pop perfecto. Pero no, ella sabe que una de las cosas que esperamos de ella es que no hay límites. Eso es “Lubna”: la música sin límites.

Mónica empezó a explorar esta faceta en “Minage” de una manera más ligera, pero con el gran repertorio de Mina. Lo abordó en “Tarántula”, con el exceso “Europa” y lo dejó crecer en la gira de Adagio.

La primera escucha de “Lubna” se puede representar con unos ojos abiertos incrédulos. Desde el arranque preciosista, íntimo e inteso de “Lasciatemi qui”. Un instrumental más propio de una banda sonora de Tim Burton, con un ritmo galopante, pero envolvente. Ya te hace pensar que lo que va a seguir no va a ser convencional. El siguiente tema “Apocalíptica” personalmente lo encuentro como lo mejor del disco. Es un lamento. Vocalmente es una interpretación poderosa, sube sin chillar y en algunos pasajes de repente y no sé por qué siento que estoy escuchando a la Mónica de “Empiezo a recordarte” o de “Sola”. Hay otros temas como “Ya está bien” o “Ese es mi público” bebedores de “Amor y lujo” en el que vuelve la Mónica tosca, mientras la primera me parece que consigue su objetivo de mostrar un mundo duro y de explotación a través de los arreglos, la dureza del tono de Mónica y una letra directa que bien mirada algunos podrían decir que es anticapitalista. La segunda es uno de los números flojos del disco, pero la parte positiva es que Mónica ha creado una obra y el disco se escucha de un tirón, incluso sin prestar atención a esta canción, a la que si quizás hubieran rebajado el tono hubiera quedado más sutil. Sutilezas con Mónica las justas.

Los tres temas que ya conocíamos “Fin”, “Perdida” y “Jamás” encuentran su hueco perfecto en el álbum. Escuchadas de forma aislada desorientaban. Yo no sabía que esperar de “Lubna” con esas tres canciones, pero extraer singles de este disco era complicado. “Fin” no me convenció en la primera escucha, pero ha ido creciendo. Aunque yo en este tema hubiera subido las guitarras y el metal hasta ahogar la voz de Mónica. “Perdida” contiene quizás el momento de vergüenza ajena que todo disco de Mónica ha de tener y para mí son esos “tears and drama” a los que me ha costado acostumbrarme, chirrían y rompen el ritmo de escucha, y “Jamás”, el primer single, es inenarrable. Simplemente por todo lo que es, barroca, una letra un tanto cursi, pero con un último tramo que supone una de las mejores interpretaciones de Mónica. Da un paso adelante como intérprete y vocalista. Rocío Jurado volvería a abrazarla.

Luego nos encontramos la Mónica lírica de “Essere uno”, la doliente y casi acusadora voz de “Holocausto” sobrevolando sobre un sutil tango (sí he repetido sutil), los interludios instrumentales de “Eleo é nato”, “Contemplazione” y “Mortem Eleonard”, recuperan la intro inicial en pasajes sobrecogedores e inesperados.

Los momentos cumbre del álbum, como si habláramos de un disco pop cualquiera, yo los concentraría en “Boomerang” con la ayuda de Marina Heredia, huyendo al flamenco rock-sinfónico, “Romance con la locura” con un arranque a base de golpes y transformado esta vez sí en un tango declarado que engancha con la Mónica de “Minage” de “Amando locamente”, la mencionada “Apocalíptica”, “L’ombra” donde ella no está y corre a cargo de Jaime Heredia recreando una especie de “Omega” de Morente en medio del álbum, y me encanta y sobrecoge el cierre del disco Lubna y Eleonard”, una nana tierna y dulce que anima a darle al repeat a “Lubna”.

Siete largos años ha tardado Mónica en lanzar “Lubna”, disco autofinanciado, salto mortal comercial, secuencia lógica en su trayectoria. Apoyada por Jordi Buch, Marrero y Chris Gordon, así como la Orquesta de Elche (además de su exmarido Cristóbal Sánsano que aparece en los créditos) y el gran JM Navarro. Ha conseguido su objetivo, el de crear una obra rara, con canciones imposibles de etiquetar en un estilo, con giros drásticos para mantener la atención del oyente en todo lo que ocurre en esos 70 minutos, que ahí es donde reside el punto en el cuál el oyente se queda perdido. No queda muy claro cuál es la historia de “Lubna”, se intuye y no queda claro. Porque por lo visto hay libro pendiente de publicar que nos lo explicará todo. Pese a eso, el disco es una experiencia, hay que prestarle atención y escuchar el fondo, escuchar los detalles y arreglos y dejarse atrapar, avergonzar y emocionar.

Un disco cien por cien Mónica Naranjo, con sus seseos, sus viajes a lo extravagante y lo ordinario, a lo excelso y lo chabacano, pero nunca nunca hacia lo aburrido.

cropped-untitled-5.jpgNOTA: 8.5 / 10

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