CRÓNICA | “Rebel Heart Tour” en Barcelona | La nueva Madonna reina sin despeinarse

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Rebel Heart Tour en la ciudad condal

24/11/2015 El “Rebel Heart Tour” de Madonna ha aterrizado en Barcelona, y, por supuesto, miembros del equipo de NETP estuvimos allí para gozarlo. El primero de los dos conciertos programados en el Palau Sant Jordi estuvo envuelto por importantes medidas de seguridad, las cuales se centraron no tanto en un gran desplilegue policial sino en estrictos y reiterados cacheos. Como era de prever tras los atentados de París el blindaje que debía asegurar a los allí congregados fue mucho más riguroso que en otras ocasiones.

Quizá ese fue el motivo por el que el show se retrasó por más de una hora. El tedio por la espera sólo se vio incrementado por un telonero insulso, el canadiense Lunice, que pese a su hiperventilación y espasmos sobre el escenario no logró animar a los allí presentes.

Y por fin empezó el show. Unas enormes pantallas proyectaban imágenes de una Madonna que se presentaba al mundo como una diva del Hollywood maltratada, encerrada tras unas rejas de las que no podía escapar. Imágenes del boxeador Mike Tyson se intercalaban en la estudiada intro creada por Steven Klein. Y cuando parecía que todo estaba perdido para la incombustible “reina del pop”, la diva desciende del techo dentro de una jaula y logra convertirse en la líder de un ejército de samuráis.

Y es que con «Iconic», la canción que da título a esta primera coreografía, y, sin lugar a dudas, la mejor performance de este show,  Madonna parece querer reivindicar su carácter más guerrero y luchador.  La espectacularidad del vestuario, la estudiada coreografía y la presencia de una Madonna radiante, hicieron que el público cayera rendido tras su  líder cuando ésta  gritó: “¡Buenas noches Barcelona!”.

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Pero la influencia oriental que tanto gusta a la “chica material” y que ha explotado en tantos momentos de su carrera no acaba aquí. «Bitch, I’m Madonna», la siguiente canción del setlist, reproduce un elaborado baile con abanicos,  protagonizado por unas enérgicas bailarinas orientales ataviadas de geishas.

Después de ésta, «Burning up», el primero de los temas clásicos de la gira , interpretado en una versión funki, guitarra eléctrica en mano. Y como era de esperar la religión no iba a estar ausente en esta nueva gira: «Holly Water» y «Devil Pray» son una prueba de ello.

En la primera las bailarinas, vestidas con un hábito de monja más corto de lo normal, realizan coreografías sobre unos crucifijos que hacen a la vez de barras de pole dance. Madonna no duda en subirse sobre una de ellas y “surferar” ante el público. Diversas estrofas de su hit «Vogue” se incorporan dentro de la actuación que acaba con una original escenificación de “la última cena” de Leonardo. La segunda, «Devil Pray», permite que Madonna confiese sus pecados ante bailarines vestidos de sacerdotes de diversas religiones.  Un interlude de «Messiah», coreografiado por dos bailarines, cierra el primer bloque.

El segundo acto, llamado Rockabilly Meets Tokyo, es mucho más tranquilo  y, sobre todo, un regalo para los fans más fieles de la diva. «Body Shop»  es cantada en un escenario que se ha transformado en un taller mecánico.

Tras ella canciones clásicas como «True Blue», «Deeper and Deeper» o «Like a Virgin» hacen las delicias de los que llevan siguiéndola casi treinta años. En la puesta de escena de todas ellas se abandonan las elaboradas coreografías del bloque anterior y es aquí donde empezamos a ver que Madonna baja su nivel de exigencia física, y delega la complejidad de los bailes en su elenco de bailarines.

El momento más mágico de todo el acto viene cuando empieza a sonar la preciosa «Heartbreak city» sobre unas escaleras de caracol, donde la diva, acompañada de un bailarín, coreografían una poética lucha que culmina con unas estrofas de «Love Don’t Live Here Anymore». «S.E.X. » cierra el bloque con cuatro parejas bailando sobre camas, caldeando el ambiente con provocativas posturas.

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Madonna

Y tras estos momentos de relativa calma vuelve a aparecer la Madonna más pasional. Nadie como ella sabe torear y meterse al público en el bolsillo. «Living for Love» es una buena muestra de ello. Ataviada con un traje de torero y portando una larga capa (de la que esta vez sí que pudo desprenderse en el momento oportuno), la diva torea a varios bailarines disfrazados de minotauro.

La coreografía  no aporta novedades a las que ya presentara en los Premios Grammy o en los Brit Award a principios de año. Después, “La Isla Bonita” y un acertado midley de «Dress you up», «Into the Groove»,  «Everybody» y «Lucky Star» son bailados por un elenco vestido con trajes de inspiración gitana y latina, cuyas reminiscencias en los cuadros de la pintora mexicana Frida Kahlo es innegable. Una versión acústica de «Who’s that girl», un clásico desempolvado de finales de los ochenta, provoca una nueva ovación del Palau Sant Jordi. Y tras ella llegó el momento de la canción que da nombre al disco y a la gira: «Rebel Heart».

En ella no vemos saltos ni piruetas imposibles, pero si un colorista blackdrop  que, a modo de collage, reproduce decenas de ilustraciones creadas por los fans más creativos de la diva. Un auténtico espectáculo visual. Las reivindicaciones llegaron con el tercer interlude, centrado en su “polémica” «Illuminati», y aunque las pantallas se llenaron de desagradables imágenes de guerra y sufrimiento, éstas se vieron eclipsadas por las coreografías de unos brillantes bailarines que, atados con arneses y luciendo esmoquin, caían literalmente sobre los fans que disfrutan del concierta en la pista.

Tras esto, el glamuor de los felices años veinte  hizo acto de presencia entre dorados y cristales de swarovsky. Madonna, con un espectacular vestido con flecos, condujo a los asistentes hacia el interior de un ambiente propio de El Gran Gatsby o de un cabaret parisino. Una nueva interpretación de su hit «Music» y la nueva versión de  «Candy Shop» (uno de sus “Little pleasures”) llenaron de sensualidad y sotisficación cada uno de los rincones del escenario. Aquí pudimos ver a una diva coqueta, dulce y femenina. Dentro de esta misma órbita, «Material Girl» fue cantada mientras que la ambición rubia se deshacía de cada uno de sus bailarines lanzándolos por una rampa. La performance acabó con una Madonna cubierta con un velo y portando un ramo de flores,   demandando si había alguien en el público que quisiera casarse con ella.

Entre risas y bromas hubo momentos para acordarse de las víctimas de los atentados de París, para recordar que todos los allí presentes éramos supervivientes y para reivindicar que el arma más poderosa que tenemos para luchar contra la barbarie es el amor. “La vie en rose” cantada en un perfecto francés y sobre el sonido de un ukelele, conmovió a los asistentes que encendieron sus móviles   y crearon un tapiz luminoso sobre las gradas. Tras la emotividad del momento, «Unapollogetic Bitch» condujo hacia el escenario al modelo internacional Jon Kortajarena que derrochó simpatía y belleza .

Cuando todo el mundo pensaba que el concierto había concluido, pues en las pantallas aparecía un «Bye Bitches», sonó la canción que cierra el espectáculo: «Holidays». Ahora todo se convierte en una gran fiesta de pijamas, con confeti y champán incluido. Como en todos los shows, el público se preguntaba qué bandera sacaría en la ciudad condal, conscientes de la actual situación política, pero la diva finalmente optó por ondear la bandera del F.C. Barcelona, mientras que uno de los bailarines llevaba la española y otro la del Orgullo LGTB, siendo de este modo, lo más políticamente correcta.  Para finalizar Madonna abandonó la pista atada a un arnés que se elevaba sobre el público. El estadio parecía caerse entre gritos y aplausos.

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El show que duró aproximadamente dos horas no dejó indiferente a nadie. Quizá la Madonna de antaño que se dejaba la piel en elaboradas y acrobáticas coreografías ha dado paso a una Madonna más íntima y sosegada.

Ya no tiene que demostrarle nada a nadie.  Su elenco de bailarines es excepcional y no tiene necesidad de jugarse el pellejo y esforzarse en demasía en giras que se prolongan varios meses. Madonna sigue seduciendo a pesar que ya ni suda ni se despeina. El show fue un equilibrio perfecto entre coreografías espectaculares, deslumbrantes decorados e intimistas escenas que permitían escuchar la voz de la diva en todo su esplendor. El set list estuvo a caballo entre lo clásico y lo moderno, teniendo mayor peso los temas de su último disco y varios clásicos de los 80’s.

Las grandes ausentes fueron Like a Prayer, Frozen, Hung up o 4 minuts, hits que elevaron a la Ciccone a los alteres de la música pop. Y es que Madonna, cuyo catálogo musical es muy amplio, sigue siendo la reina.  Su ejército de seguidores la veneraran y la adorarán ya  se presente como la líder de un ejército de samuráis, como una apóstata religiosa, como una torera o como la estrella de un cabaret.  Madonna es simplemente Madonna. Grande, provocativa e irreverente. Nada ha cambiado en ella durante todos estos años. Aun habiendo mudado de piel varias veces durante su dilatada carrera, su esencia, sigue siendo la misma.   Una vez dijo: “No importa quién seas, qué hayas hecho o de donde provengas, siempre puedes hacer un cambio siendo una mejor versión de ti mismo”. Pues bien, Madonna, lo ha vuelto a hacer. La mejor Madonna brilló en Barcelona. Hephaestion7

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3 comentarios en “CRÓNICA | “Rebel Heart Tour” en Barcelona | La nueva Madonna reina sin despeinarse

  1. ¡Muy buena crítica! Mereció la pena tantas horas de espera con el frío y pasar tanto control por ver la Ciccone.
    “Las reivindicaciones llegaron con el tercer interlude, centrado en su “polémica” «Illuminati», y aunque las pantallas se llenaron de desagradables imágenes de guerra y sufrimiento, éstas se vieron eclipsadas por las coreografías de unos brillantes bailarines que, atados con arneses y luciendo esmoquin, caían literalmente sobre los fans que disfrutan del concierta en la pista.” Por supuesto que se vieron eclipsadas por la espectacular coreografía de los bailarines… un juego más para criticar la manipulación a la que nos someten los verdaderos “iluminados”, que como dice la letra de su canción no son los que nos quieren hacer crear… “el ojo que todo lo ve” quiere precisamente eso, que desviemos la atención de lo importante, ¿cuántos de los allí presentes podían mirar a las pantallas con la gozada de show que se estaba dando en el escenario? Yo, al menos, no.

    Good save the Queen!

  2. Pingback: “Vinu, cantares y amor” | Madonna presenta en Australia a la Madonna del futuro | No Entiendo Tu Pelo | Música, cine, verdaderas reinas del pop & alguna canción indie

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