“Ocho apellidos catalanes” | Crítica | Un disfrutable y sano ejercicio paródico que se queda a medio gas | Mejor estreno español del año

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Ochos apellidos catalanes

Cualquiera que lea una crítica de 8 apellidos catalanes estos días se descubrirá,muy probablemente, a sí mismo leyendo una crítica atroz sobre el film, denostando el mismo en favor de una primera parte que, si nos fiamos de esos comentarios, parece ser una obra maestra.

Entendemos que es inevitable cuando hablamos de la película española más taquillera de todos los tiempos y la tercera más vista en la historia de la televisión, con sus protagonistas convertidos en estrellas mediáticas, para bien y para mal y que estrena ahora una secuela con unas expectativas mastodónticas. Ya es, como era previsible, el mejor estreno español del año, con más de 260.000 espectadores.

” – Holi – Fotos no”

No deberíamos confiar demasiado en esas críticas. 8 apellidos catalanes es, ante todo, una continuación natural de la primera parte, repitiendo estructura y formato aún a costa de partir de una premisa ciertamente inverosímil: exnovio que se presenta en la boda de su expareja por sorpresa para destruirla sin que resulte extraño para nadie.

Esta secuela carece de la frescura de la primera parte, cuyo abismal éxito surgió de una más descomunal sorpresa, y resulta más forzada y menos hilarante que la anterior. Sin embargo, nadie que disfrutara con la primera parte podrá decir que no lo ha hecho con la segunda: la fórmula es, exactamente, la misma.

Quizá uno de sus puntos más negativos es la sensación que desprende de  no estar aprovechando al 100% su potencial. El tema catalán, que tal y como están las cosas, podría haber sido un filón, se reduce a gags y tópicos de lo más facilones. No podemos decir que este hecho sea sorprendente, pero sí resulta más llamativo que en 8 apellidos vascos, cuyo tratamiento fue, comparativamente, más valiente y transgresor.

Con los actores sucede lo mismo,no se aprovecha el potencial generado por  contar con ese plantel inicial reforzado con secundarios de la categoría cómica de Berto Romero, Belén Cuesta o una Rosa María Sardá, que es, de lejos, lo mejor de la película y que, clamaba al cielo, un mayor protagonismo. Del reparto inicial, pierde protagonismo un Dani Rovira que cede a Karra Ejalde algunos de los gags más conseguidos de la cinta.

En conclusión,  8 apellidos catalanes es más de lo mismo. Pese a la sensación de funcionar a medio gas y no aprovechar todas las posibilidades que su reparto, ideas (esa brillante sátira a lo hipster que no acaba de ir más allá) y temática planteaban, es plenamente disfrutable y un sano ejercicio de parodia en un momento en el que, algunos actores de la política necesitan, urgentemente, tomarse más en serio a sí mismos y reírse más.

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NOTA MEDIA: 62 100

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