“AMAMA”| Crítica | Tras “Loreak” llega otra joya vasca que sirve como homenaje y despedida a un hombre en peligro de extinción

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Amama

A pesar de estar contada, a priori, desde un punto de vista matriarcal y entorno a la figura de la abuela, con pinceladas temáticas a medio camino entre las consecuencias últimas del éxodo rural y el alma del pueblo vasco, lo cierto es Amama es, ante todo, el amargo retrato de un prototipo masculino en peligro de extinción y de unas tradiciones y modos de vida que, inexorablemente, después de generaciones y generaciones, están condenados a desaparecer.

Todos hemos conocido hombres así. Hablamos de un hombre rural, líder familiar y comandante jefe en el heteropatriarcado, profundamente machista (más por inducción que por generación espontánea), aséptico, distante, parco en palabras y  trabajador incansable. Bondadoso en el fondo y sobre todo, muy perdido. Desorientado en un mundo que cambia a pasos agigantados y que parece empezar ahora justo donde acaba el suyo, en las murallas del caserío en el generaciones y generaciones han seguido la tradición familiar. Un contexto en el que los sentimientos y la sensibilidad han ganado enteros y donde no basta ser el líder de la manada ante dóciles figuras femeninas, si no que tiene que indagar y adaptarse en ese terreno, tan inhóspito y desconocido para él.

Además, en este caso, como ya pasaba en la brillante Loreak (****), la condensación del alma vasca, su característica introspección y su “querer para adentro”, dotan a la película de un simbolismo adicional y de una mayor profundidad poética. Ese padre, frío y distante, torpe con lo sentimientos, que nunca dice “te quiero”, ni “lo siento”, pero que lo demuestra a su manera, con gestos únicos e incuestionables. Y es que una de las grandezas de Amama es su eficaz utilización de metáforas y símbolos que hacen que las escenas de mayor contenido dramático estén relacionadas con la evolución de un árbol (desde la plantación, a la tala y la utilización posterior del mismo, ese somier de madera que tanto representa en realidad).

Con reminiscencias temáticas con la rusa El cartero de las noches blancas (con la que forma, probablemente, las mejores y más austeras cintas que tratan este tema en los últimos años), en el tercer largometraje de Asier Altuna la fotografía y la música son de vital importancia, hasta funcionar, prácticamente, como un elemento más protagonista de la película.

Todo ello, además, está unido a una calidad interpretativa intachable, encabezada por la solvente Iraia Elias y un Kandido Uranga que está sobriamente espectacular y que consigue tanto en tan pocas frases de guión. Si la academia es justa, le veremos con un Goya en su mano.

En conclusión, parecemos estar viviendo una época de oro en el cine vasco (en vasco) y esperemos disfrutar pronto de otras joyas, tan pequeñas y tan grandes, tan locales y tan universales; y tan introspectivas y tan vascas como estas.

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NOTA MEDIA: 81 100

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Un comentario en ““AMAMA”| Crítica | Tras “Loreak” llega otra joya vasca que sirve como homenaje y despedida a un hombre en peligro de extinción

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