6 TIPS ABOUT… “Aprendiendo a conducir”, la película más optimista y liberadora de Isabel Coixet | CRÍTICA

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Aprendiendo a conducir

1. ¿De qué va? Wendy (Patricia Clarkson) es una escritora de Nueva York que decide sacarse el carné de conducir cuando su matrimonio se rompe. Para ello toma clases con Darwan (Ben Kingsley), un refugiado político hindú de la casta que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela.

2. Pese a obvia, la metáfora entre liberación personal, entre la libertad y aprender a conducir que presenta la película, la de la opresión provocada por cualquier dependencia frente a una independencia lograda dependiendo de uno mismo está bien enfocada y consigue transmitir la ternura que necesita para que la película funcione.

3. Volvemos a ver una Isabel Coixet en buena forma. A lo largo de su trayectoria, Coixet ha demostrado ser capaz de lo mejor –Mi vida sin mí (*****), La vida secreta de las palabras (****)- y de lo peor –Mi otro yo (*)-, como una especie de Woody Allen patria, que puede pasar de un Annie Hall (*****) a un A Roma con Amor (*)

4. Sin embargo, Aprendiendo a conducir se queda a medio gas y no llega a profundizar del todo ni llega a marcar al espectador. Es amable, bienintencionada y ligera, demasiado, incluso.  Un giro de 360º con respecto a Ayer no termina nunca, intensa, oscura y demoledora.

5. La dirección de actores es, como siempre, uno de los potenciales más característicos y destacables de la directora catalana, aunque todo parezca fácil cuando tienes entre manos a una Patricia Clarkson que resulta  impecable, natural y comedida, convirtiendo a su personaje en una suerte de heroína de la cincuentena. Inmensa su interpretación, tan cómica como sobria, en la escena de la cita a ciegas.

6. “Feel-good-movie” que bajo el pretexto de nunca es tarde para empezar una buena aventura habla y profundiza sobre la fe. La fe desde una amplia perspectiva que va más allá de la religión y las creencias religiosas para centrarse en las personas, aquellas personas que pueden devolvernos la esperanza, incluso en el peor de los escenarios, y devolvernos la fe, con la responsabilidad que ello conlleva para ambas partes. Y con la amarga conclusión de que haremos todo lo posible para que la persona que representa esa divinidad no se equivoque y destruya con ello, nuestro sistema de creencias.

“Darwan, eres mi fe”

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NOTA MEDIA: 63 / 100

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