Los Planetas | Crónica, Sala Apolo | Jota y los suyos firman en Barcelona el concierto de nuestras vidas | 22/05/2015

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El concierto de nuestras vidas

Dicen que Los Planetas son un grupo más hasta que, sutilmente,  se meten dentro de ti y, entonces, cada una de esas ininteligibles canciones de vocalización imposible se tornan joyas de la música que te atrapan inexorablemente, formando parte de tu vida para no abandonarte jamás . No son un grupo fácil ni accesible ni se captan a la primera. Por algo son el emblema del indie español. Para entender el mundo planetario tienes que haber estado roto y en el motor de un autobús y sentir que cantan tu vida de la manera más jodidamente honesta. Nadie en el panorama nacional ha cantado canciones con más verdad que Línea 1, Toxicosmos o la magistral Un buen día, una de las joyas de la corona que sonaron elocuentemente el pasado viernes, dando soplos de vida al multitudinario público de un Apolo que colgaba el cartel de entradas agotadas hace semanas. Se demostraba así que el fervor por Jota y los suyos sigue vigente 23 años después.

El concierto comenzó, como ha sido habitual en esta mini gira, con Los Poetas y Virgen de la soledad, que sirven de perfecta puerta de acceso para adentrarse de lleno en la envolvente, psicodélica y a ratos sofocante y expiatoria, atmósfera planetaria.

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Super 8

Heroína, el sentido homenaje al fallecido cantaor andaluz, fue la primera de las nuevas canciones que sonó correspondientes a su nuevo EP, Dobles Fatigas, antes de dar paso al primer gran momentazo de la noche: la magistralmente dolorosa Señora de las alturas. La noche podía haber acabado tras su “para que alivies mis males, señora de mis abismos” y ya habría merecido la pena. Pero, por suerte, hubo tiempo para mucho más.

Los siguientes temas en sonar en Barcelona fueron Yo no me asomo a la reja y Corrientes circulares en el tiempo, demostrando porque son el grupo nacional con mejor repertorio que podemos recordar. Les siguió Nunca me entero de nada, un claro homenaje a todos aquellos que tras cada concierto siguen haciendo hincapié de lo poco comunicativo que estaba Jota o lo ininteligible de su dicción. Gente que nunca debió comprar la entrada.

Los Planetas siempre han estado ahí acompañándonos. Por los recuerdos. Y eso se nota cuando los primeros acordes de Toxicosmos te ponen los pelos de punta y te hacen viajar en el tiempo, antes de catapultarte con sus “Y rezamos para no volver jamás” brutalmente redentores. La redención dio paso a Motores en combustión, en nuestra opinión, el mejor tema de Dobles Fatigas, la memorable Santos que yo te pinté, Rey Sombra, Montañas de basura, Si me diste la espalda y un tema inédito, Espíritu olímpico, que esperemos forme parte de un inminente nuevo trabajo.

Toxicosmos, Barcelona.

Con Devuélveme la pasta comenzó un “cuatriplete” de excepción en una de las cosas que mejor saben hacer Los Planetas: cantar a la rabia y el despecho. Así, sonaron Reunión en la cumbre, la directa y reinvidicativa El Duendecillo Verde y el incontestable temazo bigger-than-life Pesadilla en el parque de atracciones que enloqueció hiperbólicamente a un público que coreó desatado esta cruda oda a todos aquellos hijos de puta que se portaron mal.

Tras abandonar el escenario, el grupo comenzó el primer bis, contrarrestando la rabia acumulada en el ambiente en Pesadilla con Romance de Juan de Osuna, la verdadera autobiografía para toda una generación que es Segundopremio y por supuesto, poder vivir en directo la sublime Un buen día, sin más, la mejor canción de la historia. “Y no he vuelto a pensar en ti hasta que he llegado a casa y ya no he podido dormir como siempre me pasa“.

Aún hubo tiempo para un último bis, redondear la noche y dejar a la gente con un gran sabor de boca. Fue nuestra primera vez con Los Planetas pero, seguro, no será la última (aunque verles en concierto en sala y fuera de festivales no es algo que suceda todos los días). Cerraron entonces con Soy un pobre granaíno y una  mítica y enérgica De Viaje que supo a gloria y que cerró una noche de excepción, con un público entregado de principio a fin y un repertorio, atmósfera e instrumentación intachables. Una de esas noches que te emocionan tanto que te impiden dormir cuando llegas a casa.

Como siempre nos pasa.

Larga vida a Jota y los suyos.

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