CRÓNICA | James Vincent McMorrow en Barcelona | Melancólica belleza en formato acústico

Imagen de cazyminds.es
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James Vincent McMorrow volvió el pasado miércoles a Barcelona. Era su segundo concierto en la Ciudad Condal, y esta vez no nos lo quisimos perder. En Octubre del pasado año la elegida fue la Sala Apolo, pero para este segundo asalto se trasladó a la acera de enfrente. En una abarrotada Sala Barts, el cantante hizo un repaso de su debut “Early In The Morning” y de su último álbum “Post Tropical” y, como era de esperar, no faltó el tema “Glacier”. La canción estrella de la noche, con la que se ha dado a conocer en nuestro país gracias al anuncio de lotería en el que suena, y cuya interpretación dejó a todo el público helado (perdón por la broma fácil). Con la única ayuda del piano, el irlandés emocionó a todos los ahí reunidos, y sorprendió con su falsete que, por momentos, recordó al de Antony Hegarty de Antony and the Johnsons.

Y es que el artista decidió prescindir de su banda para este concierto. Sobre el austero escenario y ante el silencio absoluto del público, tan solo se escuchaba su voz y el acompañamiento del instrumento que él decidiera oportuno para cada canción. ¿Menos es más? Si bien es cierto que McMorrow demostró tener talento de sobras para defender él solito su repertorio en formato acústico, se echaron de menos los arreglos electrónicos y la cálida atmósfera que encontramos en su último y melancólico trabajo por el que ha sido comparado con Bon Iver James Blake. Por momentos, costaba diferenciar las canciones y el show se volvía algo plano, a la espera de alguna sorpresa, como por ejemplo la preciosa versión de “A Song For You” que realizó a piano, o las más folky y animadas “Breaking Hearts”  y “This Old Dark Machine” que nos evocaron al británico Passenger.

Guitarra en mano, el cantante abrió el concierto con “Hear The Noise”, a la que le siguieron otros temas de su debut como “We Don’t Eat”“Down The Burning Ropes” “Sparrow & Wolf”. Una vez sentado al piano, y tras un primer y tímido contacto con el público, pasó a desgranar su segundo trabajo, empezando por “Red Dust” y continuando más tarde entre susurros y agudos imposibles con “Gold”“Look Out” y “Lakes”. Entre todas, destacaron la maravillosa “Higher Love”, uno de los números más aplaudidos, y “Cavalier” con sus “I remember my first love” que tanto recuerdan a Frank Ocean. Para cerrar el concierto, el artista escogió “If I Had A Boat”, aunque minutos después salió de nuevo para cantar “And If My Heart”, sin micrófono y a todo pulmón.

En una entrevista para La Vanguardia, el paisano de Damien Rice describía su música como una “obra hermosa”, y decía que, para él, “la belleza en música existe en un minúsculo sonido de un disco, no únicamente en la letra, en la idea o en una gran melodía”. Sin duda, durante los noventa minutos que se alargó el concierto, hubieron muchos momentos de belleza musical, tanto en aquellos instantes más sutiles, casi de silencio, como en los más intensos y cercanos al clímax. Un concierto diferente y único, como lo es James Vincent, al que esperamos tener la oportunidad de ver en más ocasiones en directo. Y a ser posible, las próximas veces, con su banda.

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