CINE | Críticas | SNOWPIERCER (Rompenieves) | Devolviendo la dignidad a la ciencia-ficción

Por fin se ha estrenado en la cartelera española la película – co-producción a tres mofletes entre Corea del Sur, la buena, Estados Unidos (la siempre mala) y Francia (la snob) — “Snowpiercer” (subtitulada aquí como “Rompenieves”, para que no nos suene a grupo heavy o a nombre de local de piercings y tatuajes), después de una distribución mundial que ha sido un auténtico infierno burocrático. Habría sido más fácil distribuir en España una película porno del Rey Juan Carlos con Barbara Rey que esta película de, en realidad, tan fácil proyección, que iba a ser presentada en la sección oficial del pasado Festival de Sitges bajo el nombre en clave “Otra Película Distópica Dónde el TrenMundo Está Dividido en Facciones Basada en una Novela Juvenil (un Cómic, pero da igual) Con Capitán América Intentándose Ganar el Amor de una Heroína Femenina Joven y Valiente Interpretada por Alguien Que Se Parece a Jennifer Lawrence Pero No Lo Es, Por Favor, Por Favor, No Es Snowpiercer, Dadle Una Oportunidad, A Ver Si Cuela”, porque claro, de otra forma no se podría ver en ningún lado, solo en algunos cines de Perpiñan. Y aún así hubo unos problemillas que ríete tú de Ucrania, vino la milicia del cine o Satán en persona súper-indignado según otras versiones y se cayó misteriosamente de la lista de largometrajes.

Por fin, tras meses, no, AÑOS, en los que nos imaginamos al director de la película yendo de despacho a despacho con el VHS de su película en el bolso preguntándoles a los jefazos si tienen vídeo beta, como Estela Reynolds, alguien se ha atrevido a comprar los derechos de distribución en España. Con dos cojones. Más que Mónica Oltra en las Cortes Valencianas, más que Jose Luis Moreno atrapado en el ascensor con Yolanda Ramos. Los valientes se llaman Good Films y La Aventura (nada que ver con los de la canción de “Obsesión”). Dispuestos a llevarse una medalla o a morir en el intento, han estrenado “Snowpiercer” en 15 cines en toda España. “8 Apellidos Vascos” se proyecta en más salas en un multicine de cualquier ciudad. Podemos confirmar, porque nosotros ya hemos vistos el film, que esas salas no son X. Ni siquiera salas clandestinas de edificios okupados, pisos-francos de un cártel de narcotraficantes colombianos o la sala de estar de Aída Nizar. Son cines de verdad, pocos, pero legales.

También se estrenó a la vez en la taquilla de Canal +, haciendo un mini-Paco León (que es como hacer un Beyoncé, pero en el cine) pero bueno, suponemos que las expectativas de recaudación que tienen con esta película están entre “Glitter” y cualquier película española que no sea “8 Apellidos Vascos” ni esté protagonizada por Quim Gutierrez (esto descarta el 75% de las producciones españolas).

“Pues en 8 Apellidos Vascos no salgo… que yo sepa, a ver, que piense… no”

Toda esta historia previa de sangre, sudor y peregrinaciones a Lourdes ya ha hecho que “Snowpiercer” se haya convertido en un clásico instantáneo. Pero si a la película maldita se le junta que cumple a la perfección con las expectativas, ya podemos decir que es un clásico dentro de la ciencia-ficción. Como lo es “Supernova”, pero por otros motivos, claro.

“Marta Sánchez, icono trash de la sci-fi. Colgando en tus manos”

Tampoco tenía nada que envidiar a la leyenda de esta forja las credenciales del equipo que componen esta película: el director es Bong Joon-Ho. Vale, a muchos os suena a chino. That’s racist. No pretendemos que la mayoría asienta, y diga, ahá, gran director, porque a parte de los pretendientes nerds de Corina y de Yong Li, poca gente sabrá que es el director de las aclamadas obras Memories of a Murder (2003), Mother (2009) y The Host (2006) (no, no la basura pestilente de la autora de “Crepúsculo”, la del monstruito barriendo la ciudad de Seúl). El guión lo firma el propio director con la americana Kelly Masterson (Antes de que el diablo sepa que has muerto), básicamente porque el director no entiende ni papa de inglés, como Ana Botella, y está basada en el cómic francés de Jacques Lob, Benjamin Legrand & Jean-Marc Rochette titulado “Le Transperceneige”. Se dice que Bong, mientras rodaba “The Host”, entró en una tienda de cómics y se estuvo horas de pie en la tienda leyéndolo hasta que lo terminó. Vamos, lo que hemos hecho todos en el FNAC alguna vez. Seguro que también utilizó la técnica de doblar una esquina de la página y volver al siguiente día al FNAC para terminárselo. Verdadera Biblioteca Pública. Pues bien, le fascinó tanto, que le dijo a su colega, el director Park Chan-Wook (dios y dragón asiático milenario: somos FANS absolutos de su trabajo… desde la Trilogía de la Venganza, Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) – que es la película surcoreana más conocida de la historia, solo por debajo de “Gangnam Style: The Movie” – y Sympathy for Lady Vengeance (2005), hasta JSA – Joint Security Area (2000), pasando por Thirst (2009) y su debut norteamericano Stoker (2013) con Nicole Kidman (cuya cara ya es ciencia-ficción) olvidándonos de I’m a Cyborg, But That’s OK que nos aburrió soberanamente) y ambos compraron los derechos de adaptación del cómic a través de la productora de Park, que se llama “Moho Films”, mal nombre para una productora, nadie quiere anunciar antes de que se proyecte su film que es una “Película Mojón”. El cast lo configura un popurrí de actores y actrices de todo el planeta, un crisol de culturas, que parece que aquello sea la ONU (o la Playa del Fòrum de Barcelona): los americanos Chris Evans, más conocido por Capitán América, Ed Harris (Secundario de Lujo, Privado de un Oscar y en un papel similar al que hizo en El Show de Truman), Octavia Spencer (ganadora del Oscar por “Criadas y Señoras” y próximamente en la adaptación americana de “Pulseras Rojas”); los británicos Jamie Bell (a.k.a. Billy Elliot crecidito), John Hurt (que ya tiene pelos distópicos en los huevos, protagonista de 1984 (1984, redundancia) y V de Vendetta (2006), Tilda Swinton (la Bimba Bosé inglesa); el italiano Luca Pasqualino (del reboot televisivo de la BBC de “Los Tres Mosqueteros”); la canadiense Alison Pill (serie de TV “The Newsroom”); el rumano Vlad Ivanov (lo conocerás de haberte robado alguna vez un móvil); los surcoreanos Song Kang-ho (que es como si dijésemos, el único actor existente en Corea, ha salido en todas las películas famosas surcoreanas que podáis nombrar) y Go Ah-sung (“The Host”, cuyo nombre, por cierto, es para darse energías cada mañana cuando se levanta); e incluso cameos del propio dibujante francés del cómic.

“¿Y yo, yo no salgo aquí, no?. Ay, igual sí, no me acuerdo…”

Reunieron unos 40 millones de dólares con lo recaudado en el Festival de Uranio, masas de gente aclamando a Leticia Sabater, Malena Gracia, Dinio e Ismael Beiro (convirtiéndose así, en la película surcoreana más cara de la historia de su industria), que tampoco son muchos si se comparan con los 170 millones que ha costado “Capitán América”, los 200 de la reciente “Spiderman” o los 75 millones de dólares que costó “Ágora”, que es la producción española más cara de la historia (y cuya recaudación global en taquilla llegó apenas a la mitad). Los 40 millones de dólares han sido ya altamente rentabilizados, ya solo con su estreno en Corea del Sur, donde pasaron unos 10 millones de espectadores por el cine recaudando así casi 60 millones de dólares (entrando en el Top 10 histórico de la taquilla en su país) mientras que en el resto de los países donde han tenido la suerte de haber sido estrenada ya (y que también se pueden contar con los dedos de las manos: Austria, China, Francia, Alemania, Grecia, Hong Kong, Italia, Japón, Malasia, Holanda, Polonia, Tailándia y los Emiratos Árabes), y pese a la distribución marcada por una maldición gitana, ha recaudado otros 20 millones de dólares, sumando, hasta el momento, unos 80 millones de dólares de recaudación global. A falta de, crucemos los dedos, su distribución en Estados Unidos, con una fecha prevista: el 27 de Junio (de este año, hay que especificar, por si acaso). Una distribución americana que, por cierto, también tiene su historia a parte: los derechos los tiene ahí Miramax, la compañía del infame Harvey Manostijeras” Weinstein, el capo mafioso de Hollywood, conocido por darle Oscars a películas como “Shakespeare In Love”  y regalarle la estatuilla a Gwyneth Paltrow y por obligar a los directores (utilizando métodos como la extorsión, el expolio, el boycott, amenazas, el terrorismo, flagelaciones, desgarradores de senos, gota china, tormento del agua, escafismo, extracción de uñas o escuchas en bucle de los discos de David Bisbal) a cortar parte del metraje de la película. Y si Harvey le puede obligar a Martin Scorsese a que se corte con la duración, que menos que a un chino-coreano-delosmásantiguos. Y es lo que pasó, Harvey quería quitarle a la película 20 minutos de metraje y ponerle una voz en off para que el público americano se enterase bien de la película. El Plan B era poner a Brad Pitt como maquinista, una canción de Katy Perry en los títulos de crédito y que la voz narrada fuese la de Scarlett Johansson. Algo que, después de haber visto la película, no comprendemos (no entendemos el pelo de Harvey), pues la película es accesible para el público mayoritario, mucho más que muchos blockbusters recientes como “Capitán América” y su politiqueo, las últimas películas de “Batman” o qué decir de “Orígen”. O sea, ¿hemos de suponer que si los millones de espectadores que han visto esas películas la han entendido sin problemas, se van a pasar algo por alto de la historia de “Snowpiercer”, que no puede ser más fácil, digerible e incluso podríamos tachar de convencional?. Menos mal que Harvey recapacitó, no sabemos como, suponemos que una calmada charla con Jennifer Lawrence, la mejor persona viva del planeta, le hizo recapacitar en sus absurdos planes de obstrucción.

“A ver, Harvey, tío, piensa, mente fría, ¿estamos locos?, ¿qué somos, ratones?. Tío, que Snowpiercer no es el puto Enemy. No hace falta que metas entre los pasajeros del tren a un vampiro, un zombi y un mutante con poderes que se enamoren de una joven adolescente virgen que va a celebrar su baile de graduación en uno de sus vagones”

Porque una de las cosas que podemos destacar de la película es que, dentro de que se nota el toque raruno y sello propio de la forma de hacer surcoreana de Boon-ho (por ejemplo, en el surrealista momento de la celebración del Fin de Año), “Snowpiercer” es una película de ciencia-ficción accesible para todo el mundo (por eso nuestra más increíble confusión con los problemas para distribuirla… es como decir que es imposible distribuir un disco de Adele porque a nadie le va a gustar).

“El otro día me topé con una persona que dijo que no le gustaba como cantaba”
“Era Anne Hathaway. No tengo nada más que decir…”

La película, encima, tiene un argumento distópico/post-apocalíptico como los que están de moda ahora: el calentamiento global es un tema jodido y el fenómeno del twerking no ha ayudado mucho a ello. Por eso, han decidido esparcir por la atmósfera un componente, CW-7 (no confundir con CR-7, el hermano de Katia Aveiro), que se supone que ayudará a bajar la temperatura del planeta a un límite sostenible… pero se han pasado un poco con la congelación, y eso ha hecho que el mundo parezca el Reino de Hielo de “Frozen”, incluso Demi Lovato se ha congelado (y eso que tenía suficiente masa corporal como para sobrevivir a un fin de semana en el Ártico). Se construyó un tren, una especie de Arca, que recorre durante un año una distancia que ni el Transiberiano, donde se encuentran los únicos supervivientes del planeta junto a Raquel Sánchez-Silva.

“Por mí que Portugal se quede congelada para siempre”

Esta es la presentación del filme porque, por suerte, la película no cuenta con ninguna elipsis ni flashbacks para narrarnos más cosas sobre los momentos en los que todo se fue a la mierda. Un punto positivo, a nuestro entender, para el discurrir natural y fluído de la narración de la película.

A partir de ahí, toda la película transcurre en un AVEtren de larga distancia. Se podría pensar que es un escenario limitado y bastante repetitivo, pero una vez empieza la acción, descubrimos que todo lo contrario, ni los pasillos del IKEA, uno de los puntos más fuertes de la película es el brillante diseño de producción: una sucesión de diferentes “sub-mundos” representados en los distintos vagones del tren, cada uno muy diferente al otro (una especie de “morgue”/zona de detención, un jardín botánico, un acuario, un restaurante de sushi, una guardería, una sauna, una discoteca, una sala de reuniones, etcétera).

“Es injusto que haya tenido que pagar dos asientos porque no quepo en una plaza. Me voy a quejar al maquinista. Puto AVE”

La película tiene bastantes puntos en común con otra producción asiática, “The Raid” (“Redada Asesina”, 2011), pero en vez de vertical (un edificio de abajo a arriba) de forma horizontal (un tren de izquierda a derecha), o un vídeojuego, en el que hay que ir superando “fases” (vagones) y enemigos, hasta llegar al Villano Final del juego, en esta ocasión Browser es Wilford, el autoritario creador y maquinista del tren, al que la población del Rompenieves tienen como un Dios.

Michonne de The Walking Dead” gorda, una fea haciendo cosplay de la Princesa Leia con un zapato en la cabeza, David Bisbal destrosado, Capitán América con un abrigo del Humana, un jugador de fútbol brasileño, una china con los ojos abiertos y el gordo de Gangnam Style recién salido de Supervivientes. MENUDO CUADRO.

El protagonista es Capitán América con barba, el líder de los pasajeros de la cola del tren, los de Clase Turista, los pobres y desamparados, la clase social más baja. Estos viven en una situación infrahumana, son obligados a comer una especie de bloque de gelatina de proteína (que más adelante, en el paso del vídeojuego por las cocinas — que espantarían a Chicote –, descubriremos de que están hechos… parece que la cocinera sea la propia Octavia Spencer y su personaje en “Criadas y Señoras”). De vez en cuando hay una pequeña rebelión, pero vienen los guardias acompañados por la malvada Ministra Mason (igual de malvada que la auténtica Ministra de Fomento, una muy caracterizada Tilda Swinton en una hilarante y memorable interpretación) para explicarles que ellos son un zapato y los zapatos se ponen en los pies y no en la cabeza, y los de la Clase Acomodada, de los primeros vagones, son los sombreros. Cada uno tiene su papel preestablecido. Y para que aprendan la lección les congelan un brazo y se lo rompen y cosas así. Es más, de vez en cuando viene una misteriosa mujer entrada en carnes y con un abrigo amarillo (que seguro que también es fan de Dorami), reúne a los niños de la chusma, los mide y se lleva a un par, y luego nadie más sabe de ellos. Pero Capitán América es el heroe de los más desfavorecidos e inicia una rebelión que pretende llegar hasta la misma máquina del tren: el último vagón. Para ello, Capitán América, junto a su protegido Billy Elliot, el anciano líder de los pobres con una pata de palo y un brazo de mango de paraguas que parece sacado de “American Dad”, la madre de uno de los niños raptados, un misterioso ninja latino que patea que da gusto y otros más tienen que ir recorriendo los diferentes vagones del tren enfrentándose a Mason y a sus soldados. Pero para conseguir eso primero tienen que ir abriendo las puertas de los vagones, y para ello contarán con la ayuda de un excéntrico ingeniero coreano que diseñó la tecnología del tren y su hija medio vidente, adictos al kronol (una especie de droga mineral combustible), que se comunican en su idioma traducido instantáneamente por un aparato, una aplicación para el móvil que debería de existir de verdad.

“Lady Gaga también sale en la peli”

En esta aventura hacia el final nos encontramos con los momentazos de la película…destacamos:

  •  la Pelea en el Vagón del Fin de Año, donde decenas de soldados enmascarados y con armas punzantes (las balas se han extinguido) se enfrentan a los espartanos, una escena que nos recuerda a la del martillo de “Oldboy”. Cuando parece que los buenos han ganado, resulta que todo es una trampa: están pasando por un puente, y cuando pasan por ese puente en concreto, a continuación hay un túnel, por lo que se quedan sin luz durante un buen tiempo. Tiempo que aprovechan los malos para ataviarse con gafas de visión nocturna e iniciar una masacre. Y en un momentazo que pone los pelos de punta gracias a la labor de dirección, fotografía y en este caso concreto, la formidable banda sonora de Marco Beltrami, se inicia una especie de maratón con la llama olímpica para dar luz a los desprotegidos revolucionarios.
  •  la peculiar Clase de Parvulitos de la Profesora del tren. Cuando entran al vagón dedicado a la educación de los más pequeños, todo es luz y color, y hay una adorable y embarazadísima profesora de guardería que está enseñándoles a los niños sobre la historia del tren (interesante vídeo corporativo de Wilford, el maquinista y Dios del tren) y cantando canciones infantiles adaptadas a los tiempos, en un momento Tarantiano muy “Kill Bill”, aprovechan que estaban repartiendo los huevos de Año Nuevo para tenderles a los buenos otra trampa y atacarles con la única provisión que queda del tren de metralletas y balas, hasta la adorable Profesora se une al tiroteo de forma muy pasional.
  •  el tiroteo entre ventanas. En un momento en que la vía del tren forma una especie de rotonda, el tren se encuentra en un estado en forma de media circunferencia, por el cual el vagón dónde está Capitán América, ya bastante al principio, y el vagón dónde estaba la guardería (hacia la mitad), se encuentran frente a frente. Al tipo que vamos a llamar T-1000, como Arnold Schwarzenegger en “Terminator” (porque no hay manera humana de matarla: le pegan un tiro, le clavan cuchillos, le rompen huesos, le tuercen miembros… y aún así sigue vivo hasta el final, como si no le afectase el dolor, como si fuera el Chuck Norris de la película), uno de los acólitos de la Ministra, no se le ocurre otra cosa que mandarle un mensaje en forma de bala por la ventana a Capitán América, situado en la otra ventana justo al frente. El director demuestra aquí un virtuosismo con la cámara que aplaudimos.
  •  El paseo por los vagones de la Clase Preferente. Como si fuera “El Gran Gatsby” o “La Gran Belleza”, una vez pasada la guardería y el peligro, los supervivientes caminan por los primeros vagones del tren, donde los habitantes más privilegiados viven, leen, van a la peluquería, socializan, e incluso están en una discoteca drogados hasta arriba.
  •  La pelea con Terminator en el vagón-sauna, donde hay una serie de habitáculos que hacen su vez de saunas, con una fotografía amarillenta y un toque muy opresivo, caen todos como moscas frente a Terminator, incluído el ninja latino, que a priori parecía el más fuerte pero al final es un pichafloja.
“¿Qué dices de Lady Gaga, Katycat de pacotilla?. ¡Que soy Little Monster, cuidadito conmigo!”

Los últimos 20 minutos son los que han generado más controversia y son los que diferenciarán a los que les ha gustado y a los que no. Al final, Capitán América se encuentra con Wilford, Ed Harris en persona, y tras un discurso sobre los roles preestablecidos, el necesario control de la población y la importancia de las clases sociales, con brutales visiones sobre la explotación infantil (los niños raptados sirven como “mecanismo manual” para que funcione el tren), se hace un “Matrix” con el Arquitecto, Capitán América que pensábamos que era el héroe al final es un títere del Maquinista y su elección como sustituto. Habrá gente que acepte este final, y el cambio de tono de esta última parte, habrá gente que no. Nosotros nos encontramos en un tono intermedio, respecto al cruce final de palabras entre heroe y villano, y heroe y villano que no lo son tanto. El final, el final de verdad, donde Capitán América rechaza la oferta de Wilford y junto al tándem padre-hijo explotan la puerta de salida del tren, haciendo que todo el tren se descarrile y mueran todos, sobreviviendo únicamente la hija coreana y el hijo negro de Octavia Spencer, que salen a la superficie pues, como ha descubierto su padre, el exterior ya tiene una temperatura sostenible para el cuerpo humano y, además, como pueden comprobar con ese plano final a lo documental de Discovery Channel con el oso polar (muy “Perdidos” también) la Tierra sigue siendo habitable. Un final esperanzador. Que aunque previsible, no deja de ser satisfactorio, al menos para nosotros.

“Buff, menos mal que todo era un sueño, que mañana tengo que coger un tren a Murcia”

Así pues, “Snowpierce” puede generar algunas sensaciones enfrentadas, puede ser tachada de previsible, y, sobre todo, el punto más negativo, tener unos “plotholes” o agujeros de guión más grandes que la cintura de Mariah Carey sin retocar (la típica gente sesuda que siempre se pone en plan científica en las películas de ciencia-ficción, analizando la veracidad de cada uno de los aspectos del film, tiene aquí para dar y regalar: un montón de preguntas e inconsistencias en la vida dentro de este tren sin paradas), un final melodramático y unos personajes estereotipados. Pero si dejas a parte esto, te queda una película de narración ligera y entretenida (no aburre en ningún momento), con una dirección impecable e inventiva, un aspecto técnico que brilla dentro de su limitado presupuesto (las set-pieces de los diferentes vagones, la banda sonora espectacular, la fotografía – por ejemplo, en la batalla a oscuras o en la sauna -, etc.). Un disfrute de principio a fin. Y una de las joyas de la ciencia-ficción de los últimos años.

| Snowpiercer | 78 / 100

Lo mejor: La formidable ejecución formal de la película por parte de todos sus implicados (dirección, actores, equipo técnico, etc.). Es disfrutable de principio a fin. Tiene un puñado de escenas que pueden ser elevadas a la categoría de icónicas. El personaje de Tilda Swinton. La estructura aventura-horizontal.

Lo peor: El tópico de la lucha de clases y los estereotipos de sus roles. Alguna previsibilidad que otra. Que en la ciencia-ficción, en la distopía y en el cine post-apocalíptico, incluso propuestas que pretenden sorprendernos no puedan ya hacerlo porque está todo inventado. Que si te pones a pensar, hay un montón de “¿Por qué…” esto y lo otro, de pequeños detalles.

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