Del indie al mainstream, Love of Lesbian corona otra noche de excepción en Razz en su enésima triada | Presentó nuevas canciones

Love_of_Lesbian_-_Razzmatazz_-_01

Si alguien nos hubiera dicho hace 6 años que Love of Lesbian estaría número uno en ventas en España y llenando temporada tras temporada, tres noches seguidas en Razzmatazz y en Madrid, probablemente no nos lo hubiéramos creído.

El éxito de Love of Lesbian y su perfecto equilibrio entre la astracanada (Si tú me dices Ben, yo digo Affleck) y el drama de proporciones épicas (1999), es la recompensa a fuego lento de la calidad y el trabajo bien hecho.

Ayer, en Razzmatazz, en la primera de las tres noches que continúan hoy viernes y mañana sábado con el cartel de entradas agotadas, los catalanes demostraron sus tablas  y el enorme potencial de unos hits que llenaron incansablemente más de dos horas y media de concierto, con un público entregadísimo al máximo y un ambiente de total de fiesta.

Una noche de excepción porque, además, el grupo dio a conocer a los allí presentes tres canciones nuevas de su próximo trabajo, aún sin nombre. Las nuevas canciones, con títulos tan en su línea como “Víctimas del porno”, “El Mal Español” o “El artista lirista”, sonaron optimistas y muy en la línea Love of Lesbian.  Al menos dos de ellos, daban la impresión de poder convertirse en clásico instantáneo dentro del cancionero del grupo.

Love-of-Lesbian.-Kedin-2013

Centrándonos en el concierto, que contó con la colaboración de Ramón Rodríguez, líder de The New Raemon y Manolo García, empezó con el temazo La noche eterna y cerró con el HIT imperecedero y esencial en cualquier cena de empresa que se precie, Algunas plantas. Entre medio, sonaron la mayor parte de los temas esenciales de su último trabajo, pero sin olvidar el repertorio anterior. Brillaron excepcionalmente, como no podía ser de otra manera, sus dos obras maestras incontestables: Allí donde solíamos gritar (siempre 13, siempre), y 1.999, el guión de nuestras vidas.

Destacaremos el delirante final, en el que el grupo, entre tequila y disfraces, se desfasó totalmente gracias a Villancico para mi cuñado Fernando y Toros en la WII, para desembocar en el clímax que supuso la mencionada canción sobre hits que triunfaron en el Congo.

El público reaccionó entusiasta y es que 1.999 les abrió la puerta definitiva para que se rindiera a sus pies.  Esperemos que éste siga avalando por muchos, muchos años la labor de este grupo de extraña trayectoria, atípica e inusual, que ha pasado del indie profundo al éxito mainstream, sin perder su esencia. Digan lo que digan.  Si a alguien le preocupa que su grupo favorito venda 130.000 copias en vez de 13,  probablemente el problema lo tenga él. Larga vida a Santi Balmes y su troupe.

1999 – Obra maestra inconmensurable

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