CRÓNICA | Tom Odell en Barcelona | El Billy Joel de esta generación

Tom Odell

Elton John, una de sus mayores influencias, dijo de él que era un genio al piano, y el pasado martes lo pudimos comprobar. Tom Odell aterrizaba en Barcelona para presentar por primera vez en suelo español su primer álbum, y lo hacía con una pasión y una entrega poco habituales en un cantante de su edad. Apenas ha pasado un año desde que se dio a conocer, pero antes de ganar el “Critics’ Choice” en los Brit Awards y llegar al #1 del Reino Unido, el cantante británico ya llevaba a sus espaldas un largo recorrido. Y eso se nota en su directo. Compositor desde los 13 años, estudió piano hasta séptimo grado y a los 18 años decidió abandonar la Universidad y buscarse la vida en Londres donde actuaba de bar en bar. Ahora lo hace en salas de conciertos de media Europa.

Siempre a la sombra de grupos como Coldplay y Keane, Odell parece rehuir de ese perfil. Quizás por eso acostumbra a abrir sus conciertos con “Hold Me”, la canción más intensa y contundente de su debut por la que ha sido comparado con Arcade Fire y David Bowie. Contaba hace unos días en una entrevista que en uno de sus conciertos llegó a romper el piano, y es que a pesar de su tímida apariencia y su aspecto angelical, cuando sus dedos tocan las teclas se convierte en puro nervio y energía. Así es como consiguió asombrarnos con temas como “I Know”, “Can’t Pretend”, “Till I Lost” o “Sirens”, convertidos en himnos de una fuerza atronadora y estribillos desgarradores en los que el cantante se dejó las cuerdas vocales.

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Más comedido y relajado le pudimos ver en baladas como “Long Way Down”, “Sense”, “Grow old with me” o “Supposed to be”, temas que interpretó sin más ayuda que la de su inseparable instrumento y su voz y con los que consiguió tocar la fibra más sensible de los allí reunidos. Les siguieron dos temas inéditos (“Daddy” y “Alex”) y una “improvisada” canción dedicada a la Ciudad Condal (que adapta en cada visita), pero sin lugar a dudas el número más coreado fue el de “Another Love”, su signature song, que sirvió para cerrar los primeros sesenta minutos de un concierto en el que pudimos disfrutar tanto del Odell más delicado e intimista, como del arrollador cantante y virtuoso del piano, convertido en una extremidad más de su cuerpo y de su alma.

Pero lo mejor estaba por llegar. Tras el bis, volvió al escenario para ofrecer un nuevo número más agresivo y desbocado. Cualquier resquicio de duda que pudiera quedar sobre la versatilidad y presencia del artista se disipaba al escuchar la acelerada versión de “Gone At Last” de Paul Simon, la llena de rabia “See If I Care”, o “Storms” que sirvió para poner el broche final de un concierto que cubrió con creces nuestras expectativas. Su juventud y su reducido repertorio no supusieron ningún obstáculo para este Piano Man de 23 años al que, estamos seguros, le queda un prometedor futuro por delante.

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