CINE | Crítica | La Vie d’Adèle | Una costumbrista, deliciosa y arrolladora historia de amor entre mujeres

Primeros planos, miradas y silencios, gestos, rutinas con sus oportunas variaciones, la familia y los amigos. Esa es la primera parte: centrada en el día a día de una adolescente introvertida, tímida, pero a la vez atrevida y curiosa, que poco a poco descubre que su sexualidad no es la que esperaba. El encuentro fortuito en la calle con una chica provocará en la joven protagonista la duda definitiva sobre su orientación sexual. Su inocencia, desenmascarándose lésbicamente, es pura magia.

Caricias, besos, manos ávidas en perderse… y en encontrarse. Suspiros, lágrimas entre risas, entre orgasmos. La intimidad traspasa la pantalla y una pierde el sentido, la orientación, ya no recuerdas donde estás, y vives con ellas toda la intensidad del momento.

La trama inicia así la vida en pareja de Adele y Emma, la de azulada cabellera. El director presenta de forma sencilla, pero sutil, el día a día y los conflictos que poco a poco van surgiendo entre ellas. Emma progresa en su carrera como pintora, Adele encuentra su lugar en una escuela como profesora. Pero en un momento en el que Adele se siente sola, alejada de la vida de Emma, empieza a relacionarse más con sus compañeros de trabajo y comete el error de enrollarse con uno de ellos. En la escena que Emma lo descubre, Adele lo niega, y Emma entra en una espiral de ira y rencor y Adele intenta por todos los medios que no se desmorone su vida con Emma, pero la discusión deriva con el fin de la relación.

En el último trazo de la película Adele vive sola, sigue en su trabajo como profesora y no emprende nuevas relaciones amorosas. Emma rehace su vida junto a una joven mamá y consigue exponer sus cuadros en una galería. Adele y Emma vuelven a encontrarse en una cafetería. Adele se da cuenta que nunca podrá volver junto a ella, a pesar de lo mucho que la quiere, a pesar de lo mucho que la echa de menos,  a pesar de la tensión insalvable entre las amantes. Cada una por su lado sigue con su vida.

La película de 180 minutos resulta en algunos momentos larga, pero no deja de reflejar un periodo de la vida de una joven adolescente en el que despierta y se descubre a si misma. Los primeros planos, los silencios de Adele, la catarsis del sexo y el desgarro de la ruptura desenmascaran a una pequeña gran actriz que nos deja el corazón roto (Sandra Bullock, who?). Si la academia fuera justa y dejara sus prejuicios aparte, Adèle sería firme candidata a la estatuilla en la próxima edición de los premios.

La conexión de los textos leídos en clase de La Vie de Marianne de Pierre de Marivaux y el comentario de Antígona de Sófocles con Adele son pequeños adelantos sobre la trama, sobre los pasos que dará en su “madurez”. Metáforas maravillosas.

Deliciosa Adéle

La película no tiene un final feliz, tampoco es un drama a los que nos tienen acostumbradas las películas de temática lésbica. Es simplemente el reflejo de una realidad posible. Una chica que vive con su familia, va a clase, saca buenas notas, sale con sus amigos y que se da cuenta que el sexo masculino no le atrae como le atraen a sus amigas. Se cruza con una chica (el flechazo del que hablan a propósito de la lectura de La Vie de Marianne en clase), se reencuentran por casualidad (o tal vez no es tan casual), se conocen, se besan, se enamoran. Viven juntas, crecen profesionalmente. La relación se rompe. A little drama, tal vez. Pero Adele ni se suicida, ni hace un escándalo por ello. La belleza de una historia de amor como otra cualquiera. Y como haría cualquiera de nosotros, intenta seguir con su vida, superar el hecho de no tener a su amada a su lado, aprender a vivir sin ella, como todos hemos hecho, alguna vez.

 Nota “NETP” | La Vida de Adèle | 79 / 100

Nota “the L word” | La Vida de Adèle | 100 / 100

Lo mejor:  La interpretación de Adèle Exarchopoulos. La escena de sexo (que hace olvidar por unos momentos incluso a Elena Anaya y Natasha arovenko). Su realismo y que no haya dramas hiperbólicos.

Lo peor:  La duración. Tres horas es demasiado, incluso para La Vida de Adèle.

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10 respuestas a “CINE | Crítica | La Vie d’Adèle | Una costumbrista, deliciosa y arrolladora historia de amor entre mujeres

    1. Pues sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… Mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance. Las propias lesbianas somos tan críticas con esta película precisamente porque nos vemos reducidas a una fantasía absurda de un hombre heterosexual, posturas ridículas y una actitud como de “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo”. Teniendo una historia tan maravillosa como la que tenía, con un temazo a desarrollar, un punto de partida estupendo en la obra original para trabajarlo y unas actrices entregadas y convincentes para darle vida, Kechiche ha malgastado sus 180 minutos de película en tijeras cunnilingus. A “La Vida de Adèle” le falta verdad y le sobran erecciones. En su cómic, Julie Maroh quiere dar visibilidad a las dificultades con las que se encuentra un adolescente durante el proceso de aceptación de su diversidad sexual, además de presentar una historia de amor excelente, bien cuidada, respetuosa, estética. Pero la prioridad de Abdellatif Kechiche ha sido ejercer de dictador. Él quería sostener la lupa como un voyeur dándose el lujo de exigir todas sus fantasías desde el lugar más privilegiado. No nos extrañe pues que Maroh haya denominado a esta película “pornografía para mentes masculinas”.
      Y conste que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado, como por ejemplo sucede en el cómic. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica. Podía haber sido una escena de sexo rodada con respeto, buen gusto, erotismo y sensibilidad y no quedarse en el puro morbo de un director tiránico que parece regodearse en las tijeras y el cunnilingus mientras filma para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como otra cosa. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual y obsesivo.
      Por ejemplo, una película como Nymphomaniac es bastante más honesta que ésta en cuanto a propósitos y objetivos, ya que no miente al presentarse a sí misma: “FORGET LOVE” es su frase de presentación y en ningún momento reniega de sus escenas pornográficas o de sexo explícito. Pero Kechiche hace todo lo contrario, muy hipócritamente: rueda escenas claramente pornográficas y de bastante mal gusto y nos las quiere hacer tragar no sólo como necesarias sino como demostración de la pasión más auténtica. Pues por eso yo no paso, lo siento mucho, no quiero que se me tome por idiota. Lo que ha rodado este hombre es porno, se ha recreado en él y en las actrices y ha querido hacerlo así para llenar más salas, crear más audiencia y alimentar más morbo (sobre todo el masculino).
      Si habéis leído el cómic (que os recomiendo para que veais por vosotras mismas la diferencia), comprobaréis que las escenas de sexo no tienen nada que ver. Son explícitas, sí, pero no se recrean injustificadamente ni ofrecen morbo gratuito no resultan tópicas o insultantes. Son naturales, sugerentes y estéticas. En la película no veo más que tetas bamboleantes y posturas ridículas propias de un vídeo de Youporn.

      1. Me disculpas que haga de abogado del diablo por un momento: Yo no he leído la novela gráfica (o el cómic) de la historia en que se basa la película, pero es comprensible que si la esencia de lo que quería trasmitir la autora no esta presente, genere malestar en la audiencia. En eso estamos absolutamente de acuerdo. Sin embargo me parece que el clasificar escenas de sexo como “solo para mentes masculinas” es expresarse en términos de la misma tiranía del sexismo. El sexo rudo, los detalles sucios, y el morbo, forman parte, para bien o para mal, de la sexualidad humana, no solo de la mente de hombres heterosexuales. Se que me estoy perdiendo algo mucho mejor, me queda de tarea leerme el comic, pero la escena de estas chicas me pareció excelente, excitante, hasta romántica. Pensaba en mi novio, aun cuando estuviera viendo a dos mujeres. El comerse de esa forma, una a la otra, me pareció bastante autentico, como a veces puede desenvolverse un encuentro sexual (independientemente del genero de la pareja), en especial entre inexpertos. Me disculpo, pero no pude ver el machismo del que tanto se le acusa a la película, ni siquiera de manera forzada. Tal vez yo no sea la experta en el sexo lesbico, pero creo que el hecho de que pusieran a dos chicas sin ningún tipo de experiencia en el tema, a improvisar en una cama, influye muchísimo en que hayan habido “posturas ridículas”, ¿Y que mas da? ¿Es un pecado que a veces no aparezcan flores y notas musicales en el aire, el que a veces uno se tropiece o haga algo ridículo, mientras se hace el amor?. Ojo, con esto no digo que justifico el hecho de que el director lamentablemente haya sido poseído por Caligula al momento de instruir a las actrices, llegando a maltratarlas. Saludos.

  1. Yo creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el sexo y eso probablemente es el primer punto de inflexión donde se arruina la película.

    Me acuerdo de “Fucking Amal”, de Lukas Moodyson, una película muy sencilla y honesta sobre adolescentes lesbianas que dura la mitad de tiempo, que no se recrea innecesariamente en trucos facilones (léase sexo explícito) y que logra transmitir bastante más de lo que logra Adele en tres larguísimas horas.

    En relación con esto, mi principal motivo de queja y frustración con esta película (que por muchos motivos me resulta un compendio de tópicos facilones sobre la homosexualidad con un guión naïf e inocentón en exceso que camufla sus carencias bajo toneladas de sexo explícito absolutamente injustificado y que denota una visión masculina obvia) es la escena suprimida en el montaje final de los padres de Adèle echándola de casa cuando la pillan en la cama con Emma, que en el cómic marca un punto de inflexión importantísimo en la vida de la protagonista y así debería haber sido igualmente en la película para entender mejor su desamparo y su soledad. Esta escena sí que es vital para la trama y no la de las tijeras, por ejemplo, a la que se dedica una atención que roza el ridículo. ¿Por qué se suprimió entonces? ¿Para darle más minutos al sexo? ¿Es que no eran suficientes? Resulta incomprensible. Si alguien sabe darme una explicación a esto se lo agradecería, porque yo no la encuentro y me da mucha rabia que se haya eliminado una escena tan importante.

  2. Es evidente que el morbo de lo lésbico es el principal imán y reclamo que se ha utilizado en esta película. A los heterosexuales nunca se les ha utilizado con propósitos meramente comerciales o morbosos o sólo se les ha visibilizado para eso. Por el contrario, el cuadro del tipo que se excita viendo sexo entre dos mujeres es tan antiguo como el mundo, y “La vida de Adèle” no hace sino alimentar la fantasía de la que se nutren las películas porno de toda la vida. No entiendo con qué derecho este director se ha atrevido a utilizar a las lesbianas a través de una película que no es más que una apropiación machista y morbosa de su sexualidad. Y precisamente si en la era de internet existen tantos vídeos de porno lésbico fácilmente accesibles, aún entiendo menos la necesidad de incluir escenas de este tipo en una historia que no las necesitaba.

    Esta película está llena de tópicos machistas y muestra una ignorancia absoluta sobre la realidad homosexual y lésbica, pero claro, como lo que prima y gusta siempre es la carnaza, pues se concede a la audiencia lo que pide, y ya si eso encontraremos argumentos para escudarnos hábilmente en que “son tres horas” y que “se le dedica la misma atención y duración a todas las escenas”, etcétera. Ya sé que es cine, pero a menudo el cine y toda ficción tienen la obligación de verismo, sobre todo si se presenta como una película extremadamente realista, y también de educar y sensibilizar al público sobre lo que está viendo, además de no ofender tan descaradamente a ningún colectivo como lo ha hecho Kechiche cuando lo que encima se cree que está abanderando es todo lo contrario.

  3. Estoy en general de acuerdo en todo lo que plantean las lesbianas indignadas con esta película y también me rebelo contra la hipocresía y la imbecilidad de los críticos y festivales correspondientes. El sexo en el cine me parece un tema de lo más interesante porque muchas veces actúa como un reclamo morboso en si mismo que se desconecta del relato en el que está inserto. Desde luego la película que nos ocupa es un ejemplo claro de este efecto, y entiendo por ello la ira que ha provocado.

    La cuestión es: ¿es lícito mostrar sexo actuado en un relato? Yo pienso que sí, claro. Pero también es cierto que el carácter claramente perturbador de la visión de personas, aunque sea fingido, practicando sexo muchas veces no complementa la narración sino que ejerce como elemento distorsionante. Y, por supuesto, en “La vida de Adele” esto está llevado al extremo porque realmente las actrices están representando su sexo de una forma tan expícita que cuesta trabajo decantarse por si es sexo fingido o real. Para un espectador masculino heterosexual este momento claramente se desconecta del relato porque la excitación de ver esta fantasía es lo único que importa en ese momento. Y es normal que sea así. Lo lamentable es que el director y los críticos alabadores sean tan cínicos e hipócritas para hacer pasar este elemento determinante de la película como un hermoso complemento y no como un reclamo morboso, y por ende, comercial.

    Si quiero ver sexo, veo porno. Pero no me vendas cine con algo demasiado parecido al porno porque somos todos mayores y me estás tomando por tonto.

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