Crítica | “Dallas Buyers Club”, la desconocida y admirable historia de Ron Woodroof

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“Dare To Live”

Ron Woodroof, cateto, machista, mujeriego, homófobo, alcohólico y toxicomano, es diagnosticado de SIDA en el año 1986 con un pronóstico fatal: tan solo le quedan 30 días de vida. A partir de ahí, el hombre emprende una batalla por la supervivencia, que acaba por convertirse en una lucha contra la industria farmacéutica y en un grito a favor de todos los miles de portadores del virus que, además de combatir a una enfermedad para la que no existe cura ni tratamiento, deben plantar cara a una sociedad que les da la espalda. Un irreconocible Matthew McConaughey da vida al protagonista del film que, de un día para otro, ve como cambia su vida y, de ser un viejo intolerante e ignorante, pasa a ser un salvador.

El canadiense Jean-Marc Vallée firma una película menos arriesgada y personal que su ópera prima -y ya un clásico del cine queer- C.R.A.Z.Y (2005) o la sorprendentemente extraña Café de Flore (2011), pero no por ello peor. Las carencias de la historia, basada en hechos reales, son disimuladas con las soberbias actuaciones que ofrecen McConaughey y Jared Leto en sus respectivos papeles, y por los que son, desde ya, indiscutibles favoritos al Oscar. Pero no es solo la calidad de su actuaciones lo que salva a la película de caer en los terrenos del telefilm de sobremesa cutre y barato, es también su sólido guión lo que la engrandece. Y es que en lugar de reflejar el relato de un moribundo y caer en la lágrima fácil, el director ofrece una visión de la historia más interesante y profunda, con una clara vocación de denunciar el sentimiento de injusticia e impotencia de las víctimas del negocio de la sanidad.

Incrédulo por el diagnóstico y reacio a que se ponga en duda su sexualidad, Woodroof se niega a si mismo su condición de enfermo. No es hasta que sufre los primeros dolores y se informa sobre el tema que el texano acepta la dura realidad y, en una de las escenas más crudas de la película, se derrumba. Pero en lugar de hundirse en la angustia de la cuenta atrás de su destino, el protagonista coge fuerzas para intentar retrasar su sentencia de muerte. De manera ilegal consigue AZT, un nuevo y limitado fármaco en periodo de prueba, sin embargo, al ser descubierto se ve obligado a viajar hasta México, donde un médico inhabilitado le alarma de lo altamente tóxico y peligroso de aquel tratamiento y le ofrece medicinas alternativas que mejoraran su nivel de vida.

Woodroof se convierte entonces en un traficante ilegal en busca de fármacos en Amsterdam, Israel o Japón, que junto a Rayon -un increíble Jared Leto caracterizado de transexual- crean uno de los primeros clubs de compra del país. Ambos forman una extraña pareja que, pese a sus evidentes diferencias, acaban por respetarse y entenderse, y más que socios, terminan convirtiéndose en amigos. Atrás quedarán las muestras de rechazo al colectivo gay y las bromas sobre Rock Hudson, ahora Woodroof es el defensor de su causa, que es también la causa de todas las víctimas de la enfermedad que luchan por sus derechos más básicos.

A pesar de que “Dallas Buyers Club” reúne muchos de los ingredientes para ser un éxito (drama, enfermedad, actores de moda y cambios de imagen), siempre existe el riesgo de decepcionar y ser pasto de la crítica, como ha ocurrido con “Diana”. No obstante, la película ha cosechado buenas impresiones y premios allá donde ha sido estrenada (el último, el Premio Sebastiane que otorga la asociación LGTB del País Vasco en el contexto del Festival de San Sebastián). Lo que en manos de otro podría haberse quedado en un aburrido y superficial biopic, se convierte con la dirección de Jean-Marc Vallée en el retrato de la transformación y la evolución de un héroe carismático que a pesar de su enfermedad, no deja sus ganas de vivir y su humor de lado. Un relato dramático que plasma la situación de los primeros enfermos del SIDA que se vieron obligados a buscar su propia supervivencia, adelantándose a médicos y farmacéuticos, en una época en la que el VIH era un gran desconocido. En definitiva, una película que no cambiará el mundo, pero que era necesaria, y que dentro de su género resulta más que notable.

Lo mejor: Las actuaciones del encasillado McConaughey y el desaparecido Jared Leto. Imposible elegir cual de las dos es mejor. Emotiva sin jugar con la lágrima fácil.

Lo peor: Una correcta pero opacada Jennifer Garner. Algunos intentos de momentos cómicos que no funcionan.

Nota: 7.8 / 10

6 respuestas a “Crítica | “Dallas Buyers Club”, la desconocida y admirable historia de Ron Woodroof

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